Puigdemont y Reilly

Cuántas veces no hemos leído que la ficción se adelanta a la realidad, ya hace dos años de la investidura del ex presidente catalán Puigdemont, que es ex presidente aunque él se empecine en seguir creyéndose presidente y lo peor es que haya miles y miles de personas que lo sigan creyendo.

La realidad objetiva es que Cataluña en ese tiempo ha logrado arruinarse social y económicamente, pues la realidad es terca, y aquellas promesas que sonaban a la frase del escritor catalán Francesc Pujols: “Porque serán catalanes, todos sus gastos, donde vayan, les serán pagados”, no se han cumplido.

La realidad más palpable es que Cataluña ha dejado de ser el motor de la economía española y a día de hoy un total de 3.208 compañías han cambiado su sede social fuera de Cataluña. Por esto cuesta entender que se dijera por parte de Puigdemont y su equipo que la República catalana sería una atracción para las empresas del Europa, y no solo de Europa, de todo el planeta.

Algunas de esas empresas que han salido huyendo de este caos político eran catalanas con raíces profundas en la sociedad del “territorio” donde había nacido y se han ido por la debacle que ha generado el “proceso” político independentista, que es kafkiano (según la RAE “dicho de una situación: Absurda, angustiosa”).

Por si todo ello fuera poco han logrado despertar, aplicando su propia medicina ideológica, que nazca el deseo de querer separarse de la catástrofe de esta República catalana, de 8 segundos de vida, que miles de firmas han sido ya recogidas para crear Tabarnia y el Valle de Arán afirma que quiere quedarse en España.

Toda esta vorágine social es por un presidente que juega a ser un héroe, siendo que él dejó en la estacada a sus más íntimos colaboradores huyendo. Por esto recuerda a Ignatius J. Reilly, personaje de la novela de John Kennedy Toole “La conjura de los necios”. Una persona inadaptada, anacrónica, que vive ancado en la Edad Media, que cree que aquellos tiempos fueron los mejores al igual que su escala de valores y por ello deben ser los parámetros que deben regir el mundo, un personaje lleno de excentricidades que está escribiendo una crítica que a nadie parece interesar contra la absurda modernidad que le ha tocado vivir que crea su propia burbuja de realidad para protegerse de la feroz maquinaria que lo engulle poco a poco, día a día.

Léanla y se darán cuenta que en demasiadas ocasiones la ficción se adelanta a la realidad a un Puigdemont que fue puesto para guardar el asiento a otro candidato que no querían, mientras arreglaban el entuerto. Se creyó su papel y anda ahora perdido cantando loas imposibles sabiendo que no puede llegar a la tierra prometida de la que huyó

Por Luis Fernando Valero

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