Gerardo Pisarello ha oficializado este sábado su ambición de suceder a Ada Colau. El actual diputado de Sumar en el Congreso ha anunciado su candidatura a las primarias de Barcelona en Comú para las municipales de 2027. Lo ha hecho con una carta de presentación centrada en su biografía: aspira a ser el primer alcalde de la ciudad de origen migrante.
El acto, celebrado en el casal Ca l’Isidret, ha servido para escenificar que el ala más radical del partido mantiene el control. Pisarello no camina solo; cuenta con el aval explícito de una Ada Colau que, pese a su retirada táctica, sigue tutelando el espacio. También ha recibido el respaldo del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, reforzando el vínculo entre la marca local y el Gobierno central.
En su intervención, Pisarello ha recurrido al manual clásico del populismo de izquierdas. Ha cargado contra el actual alcalde, el socialista Jaume Collboni, tildándolo de «complaciente con los poderosos». Para el aspirante de los Comuns, la gestión del PSC carece de la valentía necesaria para enfrentarse a las élites económicas que, según su visión, gobiernan hoy la capital.
El discurso del candidato se ha centrado en la supuesta pérdida de derechos de los barceloneses. Ha afirmado que vivir en la ciudad se ha convertido en un «privilegio» inasumible para muchos. Con un tono marcadamente ideológico, ha apelado a los vecinos que no llegan a fin de mes y a quienes han sido desplazados por el precio de la vivienda.
Para alcanzar la alcaldía, Pisarello propone la creación de «frentes amplios de las izquierdas». Esta estrategia busca aglutinar el voto frente a lo que denomina el avance de la derecha y la extrema derecha. Es una táctica de polarización habitual en su formación, que intenta movilizar al electorado mediante el miedo a una alternativa conservadora en el consistorio.
La plana mayor de Catalunya en Comú, representada por figuras como Gemma Tarafa y Candela López, también estuvo presente en el evento. La presencia de la cúpula confirma que Pisarello es la apuesta del aparato para intentar «recuperar» una ciudad que perdieron en las urnas. El partido busca desesperadamente un revulsivo tras el desgaste de ocho años de mandato.
Sin embargo, el anuncio se produce con una antelación inusual, a casi dos años de las elecciones. Este movimiento sugiere una necesidad interna de cerrar filas y evitar fugas de votos hacia otras opciones de izquierda o nacionalistas. Pisarello intenta marcar terreno antes de que el gobierno de Collboni logre consolidar su propio proyecto de ciudad.
Llama la atención que un diputado que actualmente ejerce funciones en Madrid sea la solución para Barcelona. El trasvase de cargos entre el Congreso y el Ayuntamiento refleja la falta de renovación de liderazgos frescos en el espacio de los Comuns. Se apuesta por una cara conocida, con experiencia en el anterior gobierno municipal y un perfil marcadamente polémico.
Las críticas a Collboni por su falta de «valentía» contrastan con el balance que dejó el equipo de Pisarello en la ciudad. Los sectores críticos recuerdan que muchos de los problemas actuales de vivienda y seguridad germinaron durante su etapa en el gobierno local. Aun así, el candidato insiste en presentarse como el salvador de los barrios populares frente a la gestión socialista.
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