Aliança Catalana ya tiene cuartel general en Barcelona. La formación liderada por Sílvia Orriols ha inaugurado este viernes una amplia sede en la calle Villarroel, un movimiento estratégico que busca consolidar su estructura fuera de sus feudos tradicionales. El local, situado junto a la Gran Via, cuenta con más de 200 metros cuadrados y representa un salto cualitativo para la organización.
La inversión no es menor para un partido de su tamaño. Con un alquiler de 3.000 euros mensuales y una reforma que ha rozado los 12.000 euros, el despliegue evidencia una solvencia económica que, según la propia formación, proviene de militantes y donantes anónimos. Este músculo financiero permite a Orriols mirar de tú a tú a las estructuras más oxidadas del nacionalismo catalán.
Durante la inauguración, la alcaldesa de Ripoll no ha evitado el realismo político. Ha reconocido que Barcelona sigue siendo un «territorio hostil» para sus postulados, tradicionalmente más arraigados en la Cataluña interior. Sin embargo, su confianza es plena al asegurar que el electorado capitalino acabará «comprando» su mensaje, comparando su propuesta política con un producto de consumo necesario.
Esta apertura supone la tercera sede del partido, tras las de Ripoll y Manlleu. Es un paso lógico para una fuerza que intenta capitalizar el descontento que el Gobierno de Salvador Illa y sus socios de Esquerra generan en ciertos sectores del soberanismo. Mientras el PSC se acomoda en las instituciones, propuestas más radicales como la de Orriols encuentran grietas por donde crecer.
La líder del partido ha subrayado que este hito demuestra que Aliança Catalana es ya un “proyecto consolidado”. El objetivo declarado no es otro que acumular cuotas de poder político mucho más ambiciosas. Orriols incluso bromeó sobre la modernidad de las nuevas oficinas, que superan en prestaciones a la sede fundacional de la formación en el Ripollès.
Desde la secretaría de organización, liderada por Oriol Gès, se insiste en que el crecimiento es orgánico. El partido presume de haber alcanzado los 2.300 afiliados, una cifra que ha experimentado un repunte notable en el último semestre. Este aumento de la base social es el que permite financiar locales de dos plantas en una de las zonas más caras de la ciudad condal.
El contrato de arrendamiento se firmó el pasado mes de septiembre. Desde entonces, el equipo de Orriols ha trabajado en la adecuación de la sala de prensa y las áreas administrativas. La discreción ha marcado los meses previos a esta inauguración, buscando evitar boicots en una ciudad donde la izquierda suele ejercer una presión asfixiante sobre cualquier voz que se salga del consenso progresista.
La llegada de AC a Barcelona es un síntoma del tablero político actual. La fragmentación del voto nacionalista y la inacción de la izquierda ante problemas como la seguridad o la gestión migratoria dan aire a este tipo de formaciones. Barcelona será ahora el termómetro para medir si el discurso de Orriols es un fenómeno puramente local o un desafío real a nivel autonómico.
Resulta llamativo el contraste entre la austeridad que predican ciertos sectores políticos y el despliegue de recursos de esta nueva sede. El éxito de la operación dependerá de si esa base de afiliados es capaz de sostener una estructura permanente en la capital. Por ahora, el partido ha logrado establecer una pica en Flandes en un entorno que le es ideológicamente adverso.
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