Gerardo Pisarello no solo ha lanzado su candidatura a la alcaldía de Barcelona por los Comunes; ha puesto sobre la mesa una estrategia de supervivencia para la izquierda radical. Bajo el concepto de «frente amplio», el diputado de Sumar busca aglutinar a ERC y la CUP en un bloque común de cara a 2027. Esta maniobra pretende sumar fuerzas frente a un Jaume Collboni que, según el diagnóstico de los Comunes, se ha entregado a las élites y al modelo de ciudad de la vieja Convergència.
La propuesta de Pisarello no es nueva, pero sí más urgente que nunca. Desde BComú sostienen que la suma de su espacio con republicanos y cuperos constituye, sobre el papel, la primera fuerza electoral de Barcelona. Sin embargo, la realidad aritmética choca con la fragmentación de un soberanismo de izquierdas que todavía no ha digerido el paso de la etapa de Colau a la actual estabilidad socialista.
En el PSC, la candidatura de Pisarello se recibe con una mezcla de indiferencia oficial y regocijo estratégico. Para el equipo de Collboni, que el candidato de los Comuns sea un perfil tan marcadamente ideológico y polarizador facilita la venta del socialismo como la única opción de centralidad y orden. Consideran que el electorado barcelonés ya cerró la etapa de la gesticulación constante que representa el ex teniente de alcalde.
Por su parte, ERC atraviesa su propio proceso de introspección tras la salida de figuras como Ernest Maragall. Aunque los republicanos comparten algunas críticas al modelo de Collboni, la idea de diluirse en un «frente amplio» liderado por los herederos de Colau genera fuertes reticencias. Temen que la marca de Pisarello acabe absorbiendo su identidad en una plataforma donde el protagonismo siempre recae en los mismos.
La CUP, siempre imprevisible, observa el movimiento con escepticismo. Para la izquierda antisistema, los Comuns han demostrado ser «muleta del sistema» cuando han tenido el poder. Unir fuerzas con Pisarello requeriría un programa de máximos que difícilmente encajaría con la vocación institucional que el diputado de Sumar ha cultivado durante su etapa en la Mesa del Congreso.
Pisarello justifica este bloque como un «frente defensivo» ante el auge de la derecha y la extrema derecha. Es el marco discursivo perfecto para evitar hablar de los problemas de gestión y centrar la campaña en una dicotomía de «progresismo contra reacción».
Sin embargo, el objetivo real de este frente es disputar la hegemonía al PSC. Los Comunes saben que, en solitario, sus posibilidades de recuperar la vara de mando son escasas. La «máxima entesa» que pide Pisarello es, en realidad, un llamamiento a que otras fuerzas renuncien a sus perfiles propios para salvar un proyecto que muestra signos evidentes de agotamiento tras una década en primera línea.
Las primarias de BComú de enero serán el primer termómetro. Si Pisarello logra una victoria aplastante y una lista de consenso, tendrá más fuerza para presionar a ERC y a la CUP. Si, por el contrario, surge una alternativa interna o el proceso se percibe como una imposición de Colau, el «frente amplio» nacerá cojo. La sombra de la exalcaldesa sigue siendo alargada y, para muchos aliados potenciales, un obstáculo insalvable.
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