La inseguridad ciudadana ha vuelto a golpear con fuerza en el corazón de los barrios de Lérida, tal y cómo ha recogido el diario ‘El Caso’. Este pasado miércoles, la farmacia Roca, situada en la conocida calle de la Mariola, fue escenario de un violento asalto a escasos minutos de terminar la jornada laboral. Un individuo armado con un cuchillo irrumpió en el local, sembrando el pánico entre quienes se encontraban trabajando en ese momento.
El suceso tuvo lugar en torno a las ocho y veinticinco de la tarde, justo cuando el establecimiento se disponía a cerrar sus puertas. En el interior solo se hallaban dos farmacéuticas, que se vieron sorprendidas por un hombre que ocultaba su rostro bajo una capucha. La vulnerabilidad de los comercios a esas horas críticas vuelve a ponerse de manifiesto ante la falta de una presencia policial más disuasoria.
El atracador no dudó en emplear la intimidación directa para lograr su objetivo. Esgrimiendo un arma blanca, lanzó una advertencia clara a las empleadas: si le entregaban la recaudación de la caja, no sufrirían daños personales. Esta técnica de coacción evidencia una preocupante profesionalización de la delincuencia común que campa a sus anchas en nuestras ciudades.
Ante la amenaza inminente, las dos mujeres reaccionaron con rapidez y sangre fría. Lograron zafarse de la presencia del asaltante y se atrincheraron en los lavabos del local. Desde ese refugio improvisado, pudieron contactar con los servicios de emergencias mientras el delincuente procedía a desvalijar el mostrador de forma apresurada.
La identificación del sospechoso resulta compleja debido a las precauciones que tomó para evitar ser grabado por las cámaras o reconocido. Según el testimonio de las víctimas, el hombre evitó en todo momento levantar la mirada del suelo. No obstante, por el timbre de su voz, las trabajadoras estiman que se trata de un joven que no superaría los 30 años de edad.
Aunque el asaltante mostró una actitud violenta en un primer contacto, afortunadamente no llegó a emplear el cuchillo contra las farmacéuticas. Su prioridad era el botín económico, y aprovechó el momento en que las víctimas se pusieron a salvo para hacerse con el dinero disponible en la caja registradora antes de huir del lugar de los hechos.
Este nuevo episodio de violencia en Lleida no es un caso aislado, sino un síntoma de la degradación de la seguridad que denuncian vecinos y comerciantes. La sensación de impunidad crece mientras las políticas de seguridad ciudadana parecen centrarse más en la retórica que en la protección efectiva del pequeño comercio, el más expuesto a este tipo de criminalidad.
Los comerciantes de zonas como el barrio de la Mariola exigen soluciones drásticas al gobierno municipal (PSC) y una mayor dotación de recursos para los cuerpos policiales. No es de recibo que quienes levantan la persiana cada día deban enfrentarse a la amenaza de un cuchillo por el simple hecho de cumplir con su jornada laboral hasta última hora de la tarde.
NOTA: elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















