Es posible que haya carreras para lamentar la acción propia de fascistas que ha llevado a señalar periodistas por simplemente ejercer su oficio, informar u opinar sobre acontecimientos. Todos sabemos que los señalan porque no lo hacen a su gusto y conveniencia.
No nos rasguemos las vestiduras ahora, no seamos cínicos o ayudemos a serlo. Hace mucho tiempo que algunos de los señalados han explicado públicamente como son acosados, insultados u amenazados. Conozco a alguno personalmente y con alguno gozo de amistad.
No es difícil recordar a Miquel Giménez, una de las voces libres para denunciar el conflicto en Cataluña, el conflicto entre catalanes, el conflicto que solo los que no quieren ver, conocer o saber niegan aún. No quiero olvidar a Xavier Rius ahora elevado a la dudosa gloria de aparecer en carteles amenazadores por la singular querencia de los independentistas catalanes a las formas de acoso y derribo de los etarras. Aquellos que remataban después las amenazas con tiro en la nuca o bomba. Tengo otros nombres en la cabeza, pero nombrarlos es dar ideas a los cafres.
Algunos de los señalados en los carteles han tenido intervenciones en los medios realmente moderadas y algunos han dejado rastro en sus escritos y opiniones, de las que viene en llamarse entre nosotros apaciguadoras, terceristas o incluso blanqueadoras. Incluso alguno, dadas sus intervenciones, no se entiende como alguien reparó en esa persona. Pero, en fin, los señaladores son unos bestias que posiblemente ni los conozcan ni los lean o escuchen nunca, pero alguien les ha dicho “a por ellos”.
Un apartado, con permiso, sobre algo que no debemos olvidar. Antes que estos periodistas que hoy se han señalado, una gran cantidad de ciudadanos ha sido coaccionados y puesto en evidente peligro su integridad. Casos bien conocidos como los de Boadella o el juez Llarena han ocupado tímidamente espacios en los medios. Y como estos otros muchos.
Y nunca en la mayoría de la prensa catalana ha merecido repulsa o mínima crítica, siempre encuentran excusas para “comprender” a los violentos, a los intransigentes. Y muchos conocemos casos de particulares que abandonaron su domicilio en esta tierra por miedo a represalias contra su familia. Un caso a modo de ejemplo, mi amiga ‘Y’, activa en las redes sociales denunciando los excesos del nacionalismo catalán. Ella recibió unas amenazas que acompañaron con fotos de su pareja entrando en su casa. En unos meses los dos y sus hijos pequeños, se trasladaron a vivir a otra ciudad, fuera de Cataluña. Y está contenta, sigue activa en su denuncia de los excesos del nacionalismo, pero ahora con el peligro a su integridad y la de su familia, alejados. Su caso no es el único hay muchos más. Muchos los conocemos.
Los medios y muchos periodistas en Cataluña han sido y son cómplices, así de sencillo y de brutal. Cómplices por no denunciar claramente lo que estaba pasando y pasa y seguirá pasando. Cómplices porque medios engrasados con la subvención desde la Generalitat, lo que se puede comprobar con nombres, fechas y cantidades, han callado, han mentido, han manipulado y tienen nombre.
Los medios públicos encabezados por TV3 donde algunos periodistas (¿Merecen llamarse así?) se han convertido en mentirosos y manipuladores profesionales. Los Soler, Bassas, Terribas, Rahola, encabezados por Sanchis y secundados por muchos otros que bien conocemos, ese magma de los ARA, Vilaweb, El Punt, ACN, El Nacional y tantos otros, esos programas infames, Polonia, FAQS, Els matins… auténticos productos que parecen salidos del huevo de la serpiente ya desgraciadamente eclosionado en Cataluña.
¿Cómo sin estas complicidades aparecen los nombres de estos periodistas en pasquines donde olvidaron poner lo que realmente pensaron, el “se buscan”? ¿Cómo sin la complicidad de la Generalitat y la caterva de infames que la controlan se puede llegar a esto? Podrían hacer un tutorial de la indignidad Torra o esa mujer, Budó, portavoz que supera la peor miseria moral imaginable.
Ahora escucharemos palabras y declaraciones que suenan bien pero no nos fiemos. Lo harán, las dirán porque los amenazados son periodistas y saben que les conviene hacerlo porque necesitan a su lado a los otros que amamantan con dineros de todos y que deben salvar la cara, aunque sea por sentido gremial. Así oímos a Borras o a Paluzie, en un respiro de sus proclamas por el odio, decir que no está bien. Cinismo puro, ¿cómo se llega a ello sin sus mensajes incendiarios, los mismos que otros lanzaron, como Junqueras, o Sánchez, o Cuixart, o Forcadell y demás reos por sedición, por atacar la democracia en nuestro país, España, desde una de sus comunidades más privilegiadas?
Con toda la solidaridad posible a los seis periodistas señalados, sin importar que no esté de acuerdo siempre con lo que dicen, pero con la convicción de que digan lo que digan, merecen poder decirlo libremente, no entiendo que sea adecuado olvidar que ello es posible por la mala praxis, por el cinismo, por atender a dueños de su conciencia por dinero de los que se dicen “colegas profesionales”.
Obviamente en Cataluña hay muchos periodistas honestos, la prueba es muchas veces la marginación con la que el poder ha castigado a algunos. También sabemos quienes son. Y no los olvidamos, no queremos que sean los siguientes señalados. Algunos ya lo fueron y lo sufrieron.
Esta solidaridad con estos periodistas amenazados no debe pronunciarse, o yo no la contemplo, sin la clara y contundente condena paralela y rotunda a los gobernantes de Cataluña, a la Generalitat. Y cabe señalar a esos partidos que los soportan haciendo posible su ejercicio antidemocrático cotidiano. Pienso en ERC, PDCat, CUP, Comuns. Y también en los que, por estrategia, se les espera, pero no se les oye con claridad, pero siguen en el limbo. Ellos son los responsables.
José Luis Vergara. Noviembre 2019
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