Vivimos atrapados en la era del titular, del cortoplacismo acompañado de políticos que ven lo público como una manera de subsistir. El arte de hacer política era muy considerado en etapas anteriores. Ahora se ha convertido en un estercolero en el que cualquiera puede rebozarse a placer en el lodazal, con un poco de polémica y mala educación.
Además añado que algunos hacen algo más grave, utilizan las instituciones para instigar a los ciudadanos a cometer delitos contra su propio Estado, aquel que debe garantizarle los derechos pero también las obligaciones.
En España necesitamos instituciones fuertes, algo que en principio parece acreditado. Pero la mayoría de políticos actuales hacen que se difuminen. El problema territorial solo se solucionará quitando privilegios a los nacionalismos periféricos.
Un estadista sabría ver que el único camino de acabar con el conflicto con la Generalidad es derogándola. Sin esos recursos, no existiría la TV del golpe, ni una radio diciendo dónde están los guardias civiles para boicotearlos.
Lo que ha pasado en Cataluña es un golpe de Estado consumado el 1 de octubre pero que lleva 35 años gestándose. ¿No habido ningún estadista que se hubiera dando cuenta? Sí los ha habido pero los políticos con intereses cortoplacistas les cortaron la cabeza y el plan siguió.
Si la Generalidad fuera derogada, nadie la echaría de menos, solo aquellos que viven de ello y los fanáticos adeptos a TV3. Desde una visión de estadista suprimiendo la Generalidad los ciudadanos catalanes ganarían en calidad de vida.
No puede ser que la mitad de los recursos de los catalanes se utilicen para el monotema y no para lo que realmente importa. Un estadista eliminaría la Generalidad sin pensarlo, un político que quiere vivir de ella no. Ya saben dónde me sitúo yo.
Miguel Martínez
[campana]
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