Hay que ser optimista respecto al 1 de octubre

Desde el pasado 17 de agosto uno tiene la impresión de que a la sociedad catalán se la está empujando a un estado de tensión y nerviosismo solo comparable al del Barça después de la salida de Neymar. El atentado ha venido desgraciadamente a sumarse al “procés” y tengo la impresión de que esta tensión no responde a la realidad de lo que está ocurriendo.

Empezando por arriba, el Parlament de Catalunya todavía no ha dado un solo paso real y firme. ¿Qué ha sido aprobado y ha entrado en vigor? Nada. La vida sigue igual. Se han anunciado leyes, sí. Y, ¿para cuándo? ¿Quién se atreve a firmar? ¿Alguien duda de que serán anuladas por el Tribunal Constitucional y que, por tanto, nunca entrarán en vigor?

Respecto al referéndum sabemos unas cuantas cosas: parece que hay urnas y que se van a habilitar las sedes de los partidos. Respecto a la convocatoria, el censo electoral, las mesas electorales, los miembros de las mesas y los colegios electorales donde votar no hay noticias a solamente 30 días de la fecha. Todo parece indicar que, como mucho, se tratará de un evento en las sedes electorales para los adeptos, sin ninguna apariencia de validez y, por supuesto, ningún respeto desde la perspectiva internacional.

Y, por último, la movilización. Aquí la manifestación del sábado nos brindó una buena ocasión para ver el apoyo real de todo esto. En las fotos aéreas se ve claramente que se trataba de un grupo muy reducido de fanáticos. Yo creo que en la actualidad el apoyo social es menor que el del 9-N. La manifestación puede haber ayudado a que algunos indecisos y extranjeros curiosos hayan visto la verdadera cara de todo este montaje.

Resumiendo: todo parece indicar que, incluso en el peor de los escenarios, el 1 de octubre se va a convertir en otro día para que los indepes más fanáticos salgan a la calle y hagan un espectáculo aún más triste que el del 9-N sin ninguna oportunidad de que sirva de algo. Otra cosa será el 2 de octubre, pero eso ya llegará.


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