Piqué pide apostar por los lazos comunes y no por “supuestas diferencias” que “esconden absurdos complejos de superioridad”

Josep Piqué es coautor, junto a Josep Borrell, Francesc de Carreras y Juan-José López Burniol del libro “Escucha, Cataluña. Escucha, España” (Ed. Península) una obra a la que la editorial define como “cuatro voces a favor del entendimiento y contra la secesión”, y que se presenta este miércoles en Madrid, a las 19:00 en el Centro Cultural Blanquerna en Madrid.

Uno de sus párrafos en este libro argumenta que “está claro que el independentismo catalán no ha pasado aún de su fase adolescente. Y, por ello, va a fracasar en su visión de la vida. Eso sí, tras una grave crisis de frustración, que afectará al conjunto de la sociedad catalana y, en particular, a los que se han creído e ilusionado con determinadas quimeras”. ¿Cómo puede el secesionismo pasar a su fase de madurez?

Dejando de ser secesionista. La madurez implica, entre otras cosas, la aceptación de la realidad y de extraer de la misma las cosas positivas. Y la realidad es que España es un sujeto político con más de quinientos años de existencia, reconocido internacionalmente como tal a todos los niveles, y que está entre las mejores democracias del mundo, siendo un país desarrollado y con un Estado del bienestar perfectamente comparable a los países de nuestro entorno político occidental. Como es natural, tiene muchas deficiencias, que hay que ir corrigiendo entre todos, pero constituye una clarísima plataforma de progreso (solo hace falta revisar los últimos cuarenta años) para todos, incluida Cataluña. Y además es la vía para formar parte del proyecto de integración más ambicioso y esperanzador que existe: la Unión Europea.

¿En el caso que alcance la madurez, será entonces un grave riesgo para la unidad territorial de España?

Por ello, cuando alcance la madurez, podrá recuperar la esencia del catalanismo moderado de siempre: la defensa de la lengua y de la cultura, sin exclusiones ni sectarismo, y, al mismo tiempo, un claro compromiso con la gobernabilidad y el progreso de toda España. Y aceptando algo obvio, por lo menos, desde la primera Constitución de Cádiz, en 1812: que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español, formado por individuos libres e iguales en derechos y deberes, sin diferencias ni privilegios.

Habla de “ausencia de liderazgo” dentro del independentismo. Que Artur Mas lo intentó y su fracaso fue “clamoroso”. Deducimos que no cree que Carles Puigdemont sea ese líder. ¿Pero ve a Oriol Junqueras en ese papel?

Lo dudo. Veremos cómo acaba todo el proceso. Pero, al margen que parece que Junqueras, si se celebraran ahora unas elecciones autonómicas (salida natural, obvia y sensata a la situación actual), podría ser el próximo President, es demasiado sectario. No creo que pueda desarrollar un liderazgo inclusivo. Además, se le nota excesivamente un cinismo muy elevado.

Usted recuerda que nadie paga más o menos impuestos por el hecho de ser catalán o extremeño, que van en función de la renta. ¿Por qué una obviedad tan evidente no ha calado en Cataluña, y ha sido negada una y otra vez por los secesionistas?

Porque, como decía el Ministro nazi de Propaganda, Joseph Goebbels, una mentira repetida mil veces acaba siendo percibida como verdad. Y hay que decir que el secesionismo ha sabido construir un relato, basado a menudo en falsedades o en medias verdades, y con una utilización perversa de la terminología. Por ejemplo, cuando habla de la financiación de Cataluña, cuando se debe hablar de la financiación de una Administración concreta, que es la autonómica. Este debate debe racionalizarse al máximo, para que los ciudadanos sepan, de verdad, cómo se reparten sus impuestos entre los diferentes responsables del gasto, como en cualquier Estado federal (y, a estos efectos, España lo es), y decida luego en consecuencia a través del voto.

¿Cómo se pueden reforzar los lazos entre los catalanes y el resto de españoles? La respuesta daría para una enciclopedia, pero ¿cuál cree que ha de ser el comienzo para una relación basada en la lealtad?

Apostando por la puesta en valor y la promoción de la importancia de los lazos comunes, los afectos y los sentimientos y no en pretendidos agravios o supuestas diferencias que a menudo esconden absurdos complejos de superioridad. No creo que nadie mínimamente sensato aprecie diferencias relevantes en lo sustancial entre un catalán, un valenciano, un gallego o un andaluz, más allá de la lengua y sus acentos.

¿Qué les diría a los que piden que se aplique en Cataluña en artículo 155?

Que confíen en el Gobierno democrático de España. Estoy seguro que hará lo que tiene –y debe- que hacer. Hay diversas posibilidades plenamente constitucionales que permiten impedir actos claramente ilegales y delictivos. El artículo 155 lo es, y además, permite muchísimas posibilidades de actuación (que no tienen porque suponer la suspensión de la autonomía). Pero hay otros mecanismos contenidos en la propia Constitución, o en Leyes orgánicas, como la Ley de Seguridad Nacional. Ojalá no haya que aplicar ninguno de esos preceptos, porque en algún momento, antes del 1 de octubre, regrese el sentido común a las mentes de los responsables autonómicos actuales. Lamentablemente, lo dudo. Y todos los ciudadanos de bien debemos estar tranquilos en cuanto a que el Gobierno hará lo que tenga que hacer en defensa de nuestro sistema democrático, de la Constitución, y de la soberanía nacional.


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