Oriol Junqueras atraviesa uno de los momentos más delicados de su trayectoria política al frente de Esquerra Republicana de Catalunya. La estrategia de acercamiento y subordinación al PSC y al PSOE, que durante años defendió como vía pragmática para mantener la influencia institucional y ‘ampliar la base’ del separatismo, se le está volviendo en contra.
Cada vez son más las voces dentro del partido que consideran que esa sumisión a los socialistas ha diluido el perfil independentista de ERC y ha generado un profundo malestar en las bases. El último episodio de esta creciente contestación interna se vivió este fin de semana en Tarragona, donde Xavier Puig, representante del sector crítico con la actual dirección, fue escogido candidato a la alcaldía por delante de Saül Garreta, el aspirante apadrinado por Junqueras.
La derrota ha sido interpretada como una señal inequívoca de que el control del líder republicano sobre la organización comienza a resquebrajarse. Apenas unas semanas antes, la candidata oficialista Eva Baró también había perdido la presidencia de la Federación de Barcelona de la formación, otro golpe simbólico para la cúpula de ERC. La ganadora fue la crítica Creu Camacho.
Los críticos acusan a Junqueras y a su entorno de haber convertido al partido en una muleta del PSC, tanto en el Parlament como en los ayuntamientos, renunciando al liderazgo independentista que le dio sentido a ERC durante la última década. Señalan que los acuerdos constantes con los socialistas, desde la aprobación de presupuestos hasta los pactos municipales, han desmovilizado a la militancia y alejado al electorado soberanista.
Junqueras, que mantiene una estrategia de moderación y diálogo con Madrid, insiste en que la colaboración con el PSOE es la única vía posible para avanzar en el autogobierno y evitar un nuevo bloqueo político. Sin embargo, dentro de ERC cada vez más cuadros ven en esa postura una rendición disfrazada de realismo. El discurso de la “utilidad” ha perdido fuerza a medida que el partido retrocede electoralmente y pierde protagonismo frente a Junts y la CUP.
La erosión de la autoridad de Junqueras es evidente. Las estructuras territoriales, que durante años le fueron leales, empiezan a actuar con mayor autonomía y a cuestionar públicamente las decisiones de la dirección nacional. En muchos casos, se reclama un retorno a la esencia republicana e independentista que llevó a ERC a ser la primera fuerza en Cataluña en 2021. Hoy, en cambio, el partido aparece desdibujado, sin rumbo claro y sin un relato propio.
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