El RCD Espanyol atraviesa un momento tan desconcertante como frustrante. El equipo blanquiazul genera, compite, domina por tramos y transmite energía en cada encuentro, pero los resultados no acompañan. La razón es tan evidente como dolorosa: la falta de puntería. Ante el Betis, el cuadro perico firmó uno de sus mejores partidos en cuanto a intensidad y juego.
Presionó alto, movió el balón con criterio y generó ocasiones claras. Sin embargo, la historia volvió a repetirse. El conjunto verdiblanco, mucho menos insistente, aprovechó dos llegadas para anotar los goles que sellaron un 1-2 que dejó helado al RCDE Stadium. Ni siquiera el penalti de última hora, ejecutado por Javi Puado, sirvió para rescatar un punto: el delantero falló, símbolo de la angustia ofensiva que vive el Espanyol.
No ha sido un caso aislado. En jornadas anteriores, el Valencia y el Girona también se beneficiaron de la falta de acierto barcelonés. En ambos duelos, el Espanyol acumuló más ocasiones, más disparos y más sensación de peligro, pero terminó firmando dos empates que supieron a derrota. El patrón se repite: los rivales necesitan muy poco para marcar, mientras el conjunto blanquiazul debe hacer demasiado para celebrar un solo gol.
El problema no pasa por actitud ni por intensidad. La plantilla está enchufada, se entrega y demuestra compromiso en cada balón dividido. Jugadores como Pere Milla, Roberto, Dolan, Kike García o Puado se vacían en el campo, pero el gol parece resistirse. Cada partido deja la sensación de que el Espanyol hace casi todo bien… excepto lo más importante.
La desesperación empieza a asomar entre la afición, que ve cómo los puntos se escapan sin que el juego lo merezca. Los pericos valoran el esfuerzo, pero saben que en el fútbol no se premia la estética, sino la eficacia. Sin gol, no hay premio, y sin premio, la confianza se erosiona jornada tras jornada.
Manolo González, consciente del problema, ha insistido en mantener la calma. En sus declaraciones ha recalcado que “el equipo compite y genera”, pero también ha reconocido que la falta de acierto “es un asunto que hay que corregir ya”. Trabaja a diario con sus delanteros en la definición y en la toma de decisiones en los últimos metros, pero sigue faltando puntería.
A pesar de los tropiezos, el cuerpo técnico y la afición confían en que el fútbol acabe devolviendo lo que ahora quita. El Espanyol juega bien, propone y muestra una identidad clara. Si logra afinar su puntería, el equipo tiene margen para escalar posiciones y transformar su dominio en puntos. Pero mientras el gol siga siendo un lujo, los partidos se decidirán por detalles que siempre caen del lado rival.
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