¡No queda sino batirnos!

Escuchando el relato de quien vivió en primera persona una de las situaciones más tensas y violentas de la manifestación que tanta letra está haciendo correr, solo se puede sacar una conclusión:

¡¡¡No queda sino batirnos!!!

Contra esa masa de energúmenos vociferantes agazapados bajo el bosque de esteladas, que desde su seguro anonimato escupieron, empujaron, patearon, vociferaron, bramaron, agredieron e hicieron aconsejable retirar de una manifestación democrática y pacífica -supuestamente- una pancarta con un contenido tan aséptico como “ESPAÑA CONTRA EL TERRORISMO – GRACIAS MAJESTAD”, no se puede ceder ya ni un solo milímetro más.

¡¡¡No queda sino batirnos!!!

Contra esa masa antisistema que pretendió hacer un escrache contra la Guardia Civil -y sus familias, no lo olvidemos- por hacer su trabajo, cumplir y hacer cumplir la ley, no se puede ya callar, ni mirar hacia otro lado.

¡¡¡No queda sino batirnos!!!
Contra esa masa histérica, violenta y liberticida en que se ha convertido la vanguardia del independentismo más intolerante, sectario, totalitario, rancio, cateto, racista y ruin, no se puede ya seguir esperando a que alguien haga cumplir la ley.

¡¡¡No queda sino batirnos!!!

No podemos renunciar cobardemente a mantener nuestros derechos y a ejercer nuestras libertades en un país libre y democrático, como se supone que hasta ahora era España.

Ha llegado la hora de defender activamente nuestra condición de ciudadanos, con todo lo que ello comporta. No cabe ya quedarse en la comodidad del sofá esperando acontecimientos y que alguien, por muy Estado que se pretenda, devuelva a esta sociedad a la normalidad de la que nunca se debió de consentir que saliera.

Pacíficamente, democráticamente, serenamente, pero con toda firmeza, con la convicción de que estamos con la razón y en el derecho, ha llegado la hora de que cada uno demos la cara y defendamos, por nosotros mismos, lo que los sediciosos nos quieren arrebatar.

Todos los ciudadanos que nos tengamos por demócratas, por pacíficos, por amantes del orden y defensores de la ley, tenemos el deber de participar activamente -ya de una puñetera vez- en cuantas convocatorias nos propongan las asociaciones de la sociedad civil y los partidos defensores de la Constitución de 1978.

¡¡¡No queda sino batirnos!!!


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