De verdad que son muchos los días en los que uno se acuesta pensando que nos tratan por idiotas.
Con el gravamen increíble y angustiante de que, tal percepción, viene inculcada por todos los que participan de este paripé al juicio del omnipresente “Prucés”.
En todo este contubernio tenemos numerosos actores: los inductores del golpismo, los que juzgan, los medios de comunicación, los políticos y, por encima de todo, el pueblo español.
Tenemos a unos que, a base de mentiras victimistas pretenden pasar por este juicio, que en mi opinión debería ser ejemplar y jurisprudente a la hora de adoctrinar conciencias insurgentes en los siglos venideros, como simples corderitos.
Y me temo que consigan doblegar conciencias, triunfando en su afán por vender “que no querían”, “que no era su intención”, o “que fueron otros los que la liaron”. Miedo me da pensar que, al final, tengamos que pedirles perdón, indemnizarles e, incluso, si tenemos al frente socialista-populista-separatista nuevamente gobernando, llegar a hacerles un homenaje por sus grandes e impagables servicios a España.
Otros, los que deberían tener la sartén por el mango, doy por sentado que lo están pasando mal. Tienen que lidiar con la necesidad de ejercer de forma profesional, dictando sentencias acordes a la Constitución, mientras sufren el yugo de los medios de comunicación, descarada y mayoritariamente escorados, a la vez que ven revolotear y deben regatear el partidario interés de los políticos.
Supongo que ese cóctel influirá más de lo que pensamos en las decisiones, con el mal pálpito de que, a pesar de todo lo que nos queda por aguantar, crece el convencimiento de que los fallos defraudarán al último participante de todo este teatro, el pueblo español.
Si de algo ha servido la ridícula convocatoria de ayer jueves 21 de febrero, intentando paralizar Cataluña, ha sido para dejar claras evidencias de que, los que están por esa labor de hacer el payaso en la calle no son multitud. Y que en su mayoría son jóvenes “pacíficos” que no saben a qué dedicar su tiempo o prefieren hacer novillos a estar en clase, tras crecer infectados desde la cuna por el virus secesionista, apuntalado en los colegios y la tele del Régimen.
Es importante dejar claro que, pese al hartazgo, el pueblo español está atento al devenir del proceso judicial, porque deseamos que el coste sea proporcional al agravio generado.
Cualquier catalán sensato, que lo ha vivido de cerca, sabe que los que están esperando sentencia son rebeldes, son inductores de la confrontación, son golpistas, son líderes de la tergiversación, mentalización y mentira, han roto la convivencia social, han enfrentado a familias, amistades y compañeros, han destrozado la imagen y mermado el potencial económico de una región próspera y ejemplar, han pretendido humillar a todo un pueblo -como es el español- saltándose la Ley e imponiendo leyes alternativas y, por encima de todo, lo han hecho, pese a los intereses de sus defensas, violentando y enfrentando.
Le pediría a los que deciden que no hagan ni caso a los cantos de sirena de mentirosos interesados que no quieren pagar por lo que hicieron. Ante situaciones como éstas lo que compete es hacer oídos sordos a suspiros, lloriqueos o lamentaciones, siendo contundentes y consecuentes con la Ley que nos ampara a todos.
El pueblo español quiere que paguen y que sea con un coste elevado. No nos defrauden, señores jueces.
Conviene que pasen muchos años en la cárcel y que todo aquel que esté tentado por hacer el sinvergüenza más adelante, emulando a estos rebeldes, sepa lo que le puede suponer ir contra la legalidad y actuar como golpista.
Esperemos que, tarde o temprano, los que ahora viven huidos en el lujo pasen por el mismo trámite, con el multiplicador implícito que supone la indecencia y cobardía de escapar, síntoma claro de saberse culpable.
Javier Megino
[libro_aspillera]
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















