Ni Frankenstein, ni Nosferatu

Amigo lector, usted podrá simpatizar, o no, con Pedro Sánchez; le parecerá correcta o, por lo contrario, improcedente su actuación en el Congreso de los Diputados en la presentación de la moción de censura.

Da igual, eso a estas alturas de la película importa poco. Pero seguramente coincidirán conmigo en que el dirigente socialista estaba obligado a procurar la salida del gobierno de Mariano Rajoy.

Nadie, salvo algún interesado de excepción, hubiera entendido que un opositor político desperdiciara la ocasión. Una sentencia tan clara y contundente como la de la Gurtel no podía ser desaprovechada.

Su potencia comunicativa y generadora de opinión entre la ciudadanía devenía un herramienta útil para desalojar de la Moncloa a cualquier adversario político. Pedro Sánchez estaba obligado a intervenir más allá de otras consideraciones.

De no haber sido así, hoy, los medios de comunicación y sus competidores políticos estarían tildando al socialista de falto de iniciativa, melifluo y cobarde. Sánchez hizo lo que tenía que hacer por imperativo histórico.

Dicho esto, permítanme que me refiera a la tromba de artículos y opiniones que afirman que el nuevo presidente ha pactado cosas inconfesables, monstruosas, con separatistas y golpistas.

No es cierto, mienten como bellacos. La ira de todas las fuerzas políticas contra la arrogancia del PP es la que ha facilitado la votación unánime que le ha costado el cargo a Mariano Rajoy.

Tanto Ábalos como Sánchez dejaron claro en sendos discursos su enfoque: ningún pacto subterráneo fuera de la Constitución, ninguna broma con la unidad de España. La apelación al diálogo formulada por Sánchez es poliédrica, va desde un PP hasta el grupo parlamentario más minúsculo de la cámara.

Mal iríamos si un candidato a la presidencia del gobierno de España negara de antemano la posibilidad de hablar, aunque fuera con el propio diablo. No me hagan recordar ustedes etapas pretéritas de nuestra historia en las que algunos calificaban a ETA -obviando su carácter terrorista- como un movimiento de liberación nacional y abogaban por dialogar con ella.

A Sánchez le van a dar bofetones a diestro y siniestro, le acusarán de haberse vendido al populismo de Podemos y al racista catalán de turno. Por favor, no seamos tan simplistas en los análisis.

Sánchez hizo lo que tenía que hacer y sus “perjudicados” van a levantar todo tipo de miserias habidas y por haber para tomarse la revancha. Ambas cosas deben ser tenidas en cuenta, pero quizás, lo más importante a día de hoy, es que ha acabado una etapa y empieza otras con grandes retos.

Tiempos los que vienen que deberán estar cargados de paciencia, responsabilidad y comprensión, porque en este país las cosas no han dejado de ser complejas. Por favor, no nos hablen de Frankenstein ejerciendo de Nosferatu, no procede.

Joan Ferran


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