Más de lo mismo

El fin de la “aplicación no aplicada” del 155, cuando más considerémosla “simbólica”, nos ha dejado en el mismo punto del que partíamos.

Han sido muchas las frustraciones vividas ante la esperanzadora, a la postre light, mediación del articulo antedicho.

Su activación no ha logrado revertir los vicios del secesionismo. Algo que no hace descartable, sabiendo que la tensión no cede, como vemos a diario, una segunda edición deseablemente más seria y contundente.

Tras el cambio fulminante del Gobierno de la nación (sin ruido y de acuerdo con las reglas democráticas de nuestro ordenamiento), ya no será el PP el adversario directo de los fanáticos del lacito limón, sino que el bloque constitucional tendrá el liderazgo gubernamental de Sánchez… y Borrell.

Los socialistas es posible que deban dar el paso para esa previsible y necesaria segunda tentativa, con la ventaja de que, en la defensa de la Constitución, ahora aliados convencidos en la oposición no le faltarán.

El formato del recientemente caducado 155 ha sido bastante desmotivador, al no solventar ni corregir los problemas relacionados con los tres puntales fundamentales que dan fuerza al secesionismo.

En lo relativo a los medios de comunicación, la tele del Régimen, buque insignia de la mentira y mentalización adoctrinadora, sigue campando a sus anchas, sembrando odio y alimentando las conciencias de sus fervientes fanáticos seguidores. Al menos, los culpables de que así sea tienen ahora la sartén por el mango. Ya veremos si cambian de postura cuando, sin complejos, acaben por identificar el foco del mal.

Tampoco parece que se haya purgado el virus en el resto de medios subvencionados y supeditados. Mantienen su discurso complaciente y amoroso con aquellos que saben son la clave para que, vía subvenciones, ayudas o publicidad, siempre que medien editoriales alineadas con el discurso servil separatista, se cuadren sus cuentas.

Doloroso es ver como el mascarón de proa de toda esta tergiversación y engañifa, la escuela catalana, sigue en la degradante filosofía de priorizar adoctrinamiento y manipulación. Mantiene, tras el mini155, la marginación, repulsa y anulación de criterios lectivos que faculten el uso, en condiciones igualitarias, de nuestra lengua oficial de alcance universal y la lengua oficial de alcance regional. Pervive, sin arreglo ni matices, el enfoque neofascista de imposición lingüística, totalmente desalineado con las necesidades inherentes de un mundo interconectado y globalizado como es el actual.

Y, para acabar, por centrarme en los tres pilares, seguimos con los problemas derivados de la falta de neutralidad profesional de la policía política (con la excepción de los valientes y legales amigos de la U.M.C.).

La conducta “traperil” de pleitesía, en favor de los que se han saltado las reglas de juego constitucionales, vuelve a su estadio de máximo frenesí al liberarse del corsé que amortiguaba su sumisa conducta servil.

En este sentido, por si había alguna duda, este pasado fin de semana en la manifestación de entidades constitucionalistas en Mataró, se ha visto claro. Según las informaciones que he podido contrastar con asistentes, el modo de operar de dicho cuerpo policial politizado ha sido inquietante, no haciendo frente a conductas que buscaban amedrentar a los vecinos de dicho municipio que, en defensa de la libertad y de la ley, asistían con sus familias a un acto emotivo de recuerdo a un ilustre ciudadano de Mataró, como fue Miquel Biada.

Mi felicitación a los organizadores, en especial a la Plataforma por Tabarnia, al congregar en la capital del Maresme a 3.000 ciudadanos libres de la paranoia secesionista. Pero el alto grado de putrefacción de la vida social y el trato discriminatorio nos condiciona y exige, a los que defendemos el Estado de Derecho, el clarificar los próximos movimientos sin precipitación, evitando poner en riesgo o cansar a la buena gente que nos acompaña en nuestras convocatorias.

Siento el retoque personal de mi posicionamiento, en relación con mi anterior columna semanal, pero el jugar con la baraja trucada en contra nos obliga a no alimentar con nuestros actos una imagen distorsionada, que interesa al adversario y sus medios, como consecuencia de la inmunidad hacia unos y la mano dura con otros. Es por ello que, a pesar del éxito de la última convocatoria, por prudencia, apuesto por actuar meditada e inteligentemente, dosificando y fomentando citas que aseguren la mayor repercusión mediática y asistencia multitudinaria.

Sabemos que nuestra presencia, pese a abanderar el constitucionalismo y la legalidad, siendo mayoría social, no es plato de gusto para la policía intervenida y escorada, teniendo siempre las de perder. Esa es la razón de que debamos ahondar en el raciocinio, iniciando un periodo de reflexión que valore la situación, analice los acontecimientos y apuntale la necesaria unidad de acción. Hemos de evitar, pese a lo que el cuerpo nos pida, la proliferación de actos puntuales que, muchas veces, solo aportan noticias en contra y dan contenidos a los que lo tergiversan todo interesadamente.

No me atrevo a decir cuándo, pero llegará el momento de volver a dar un nuevo golpe en la mesa que demuestre, en las calles de Barcelona, que somos más, somos los buenos, estamos con la ley y no queremos comportamientos fanáticos supremacistas.

Javier Megino


 

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