Negrín, Azaña, entre otros: el separatismo y la izquierda

“El nacionalismo de los de arriba sirve a los de arriba. El nacionalismo de los de abajo sirve también a los de arriba. El nacionalismo, cuando los pobres lo llevan dentro, no mejora: es un absurdo total” (Bertolt Brecht)

Hace 127 años (3 de febrero de 1892) nacía en Las Palmas de Gran Canaria Juan Negrín, una de las figuras más relevantes y tal vez controvertidas de la política española durante la Guerra Civil. Negrín, investigador, médico y fisiólogo, fue un dirigente socialista que llegó a ser Ministro de Agricultura en el gobierno de Largo Caballero (1936) y Presidente del Gobierno de la Segunda República Española entre 1937 y 1939.

Es cierto que durante su mandato fue un personaje un tanto controvertido al ser acusado, por algunos líderes republicanos, de entregarse a los comunistas y venderse a Moscú (con el famoso asunto del oro de por medio) y por haber prolongado inútilmente la guerra. Aunque, también es cierto que le tocó tomar decisiones en una de las etapas más difíciles de nuestra historia reciente.

Por su actualidad en estos embrollados tiempos, en esta época de “memorias históricas” y en una Cataluña tan dada a las ocultaciones y las falsificaciones históricas, me gustaría recordar lo que decía Negrín en 1938 respecto al ya entonces existente problema nacionalista y separatista en Cataluña: «No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz».

«(…) Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco sin otra condición que la de que se desprendiese de alemanes e italianos. En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los de afuera y de los de adentro. Mi posición es absoluta y no consiente disminución.» (Juan Negrín, 1938, apud. Enrique Moradiellos, Negrín, Ed- Península).

O lo que decía, Vicente Uribe, el dirigente del PCE y Ministro de Agricultura (en los gobiernos de Largo Caballero y Juan Negrín, entre 1936-1939), respecto a la misma cuestión: «Al mismo tiempo que los más consecuentes internacionalistas somos los más fieles luchadores y defensores de la República española; los más entusiastas defensores de la Patria española; los más fieles ardientes patriotas de la España democrática; los más decididos enemigos de toda tendencia separatista; los más convencidos partidarios de la Unidad Nacional, del Frente Popular, de la Unidad popular …» (El problema de las nacionalidades en España a la luz de la guerra popular por la independencia de la República Española, Ediciones del Partido Comunista de España, Barcelona.1938).

El presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, que fue en un principio uno de los mayores defensores del catalanismo y del Estatut de Catalunya de 1932, pronto se desencantó y pasó a tener gran aversión al golpista Lluís Companys y a los separatistas catalanes y vascos por considerarlos traidores a la República. En un discurso en Barcelona dirá: «A pesar de todo lo que se hace para destruirla, España subsiste. En mi propósito, y para fines mucho más importantes, España no está dividida en dos zonas delimitadas por la línea de fuego; donde haya un español o un puñado de españoles que se angustian pensando en la salvación del país, ahí hay un ánimo y una voluntad que entran en cuenta. Hablo para todos, incluso para los que no quieren oír lo que se les dice, incluso para los que, por distintos motivos contrapuestos, acá o allá, lo aborrecen» (Discurso en el Ayuntamiento de Barcelona, 18 de julio de 1938).

Y podríamos hablar de la opinión negativa que tenía el general Vicente Rojo (Jefe del ejército republicano) por los numerosos problemas que le generaban tanto Lluís Companys en Cataluña, como José A. Aguirre (PNV) en el País Vasco. De este último decía que no tenía ninguna formación militar pero se sentía capaz de mover a los gudariak a su antojo. Y añadía: “El Ejército del Norte funciona como el de los chistes de Pancho Villa” ( “General Vicente Rojo. Historia de la Guerra Civil Española”, Jorge M. Reverte, ed. RBA, pág 39.).

Pero me gustaría terminar con Miguel Hernández, considerado por muchos como el más grande poeta de izquierdas durante la II República y la Guerra Civil (que combatió en el frente con el 5.º Regimiento), hasta su muerte por tuberculosis en marzo de 1942 en la cárcel franquista de Alicante. Escribió un gran poema titulado “Madre España” que suele ser lamentablemente ocultado o ninguneado y que yo considero uno de sus grandes poemas además, de tener ahora plena actualidad.

Desde el propio título (“Madre España”) el poema nos identifica a todos como hijos de esa misma madre (España) y con todo su pasado. Su primera estrofa dice: “Abrazado a tu cuerpo como el tronco a su tierra, / con todas las raíces y todos los corajes,/ ¿quién me separará, me arrancará de ti,/ madre? ”. A través de un símil dado en la naturaleza, nos habla de una unión indisoluble (el árbol unido a su tierra), es decir de la unión indisoluble de España como sociedad política, frente a los que quieren destruir a la nación española: “¿Quién me separará, me arrancará de ti, madre? ”, nos dice.

Esa es la pregunta que tendrán que responder algunos españoles a los que se quiere robar un trozo de su país. Y en su segunda estrofa dice : “Abrazado a tu vientre, ¿quién me lo quitará,/ si su fondo titánico da principio a mi carne? / abrazado a tu vientre, que es mi perpetua casa, / ¡nadie!”.

Enraizado a su seno, a su fondo titánico, es decir a toda la Historia común de España, al Imperio español… Su pregunta es un auténtico desafío y responde “¡nadie!”. En las estrofas siguientes se reitera la misma idea. Enfatiza al máximo la idea de la unidad de España, como grupo, como sociedad, como idea, España frente a los que la quieren destruir.

Cémo ha cambiado la izquierda, verdad. Ahora se ha vuelto eminentemente antiespañola. Cosa que, por cierto, no ocurre en en ningún otro país.

Salvador Caamaño Morado (Diplomado en Relaciones Laborales. Exdirigente del PSUC, PCC y CC.OO. en Tarragona.Miembro fundador Foro Babel-Tarragona. Presidente Provincial de SCC en  Tarragona)


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