Cada vez hay más casos de socialistas que apenas han trabajado en el sector privado, y que desde la juventud, hasta la jubilación, van empalmando cargos y trabajos públicos. Luego muchos dirigentes del PSC hablan de la realidad de la «clase media trabajadora», cuando no tienen ni idea de cuáles son sus preocupaciones o sus necesidades porque no se han movido del sector público.
Y es que los enchufes del PSC han llegado a su máxima expresión: Gobierno central, Generalitat, tres de las cuatro diputaciones, la mayoría de grandes ayuntamientos. Los socialistas han renunciado a cualquier principio en aras de conseguir el máximo de poder. Pactan con todo y lo aceptan todo.
Desde que se incumpla la Ley de Banderas – que debería hacer cumplir el Delegado del Gobierno en Cataluña, del PSC – hasta violar los derechos lingüísticos de los castellanoparlantes. Pactan con ERC, Comunes, Junts, CUP o con cualquiera que se ponga a tiro. La única línea roja es expandir su poder.
¿Recuerdan como el PSC puso como condiciones indispensables a Pere Aragonès el Hard Rock y el Cuarto Cinturón para aprobar los presupuestos de la Generalitat gobernada por ERC, y cómo aceptaron corriendo volverse atrás tras exigirlo los Comunes para apoyar la investidura de Salvador Illa? Lo que en el 2023 era necesario, en el 2024 ya no valía la pena. Y ya veremos qué pasa con el aeropuerto de Barcelona si los Comunes se empeña en que no se amplíe. No vemos al PSC jugándose sus poltronas por unos principios que han demostrado que no tienen.
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