Los socialistas no gobiernan Barcelona, sólo ocupan docenas de lugares de mando de la capital catalana con una legitimidad bajo mínimos. Ejercen el poder con el apoyo de sólo diez concejales de los cuarenta y uno que conforman el pleno municipal. Y es que han sido incapaces de cerrar acuerdos de legislatura o de larga duración con otras fuerzas políticas y van tirando a base de parches
De hecho, el alcalde ha sido reprobado en tres ocasiones por el pleno municipal por su falta de diálogo y por su falta del sentido de la realidad. Cuando solo tienes diez concejales sobre 41 has de tener una capacidad de negociación que el PSC ha demostrado que no busca. Collboni es alcalde porque los otros partidos son incapaces de ponerse de acuerdo, pero no porque crean que es el candidato más adecuado.
Acercarse a los socialistas incinera las posibilidades electorales y por eso ni Esquerra ni los Comunes han caído en todas las trampas que los socialistas intentan tenderles. Ser la muleta de Collboni puede significar la muerte política para aquella formación que firme el acuerdo. Y es que el sentido de la lealtad del PSC es nulo y tiende a vampirizar a aquellos con los que pacta.
El equipo de Gobierno municipal del PSC ha sido incapaz de intentar aliviar los graves problemas que tiene Barcelona. Sigue siendo una ciudad sucia, insegura y hostil para los empresarios y los turistas. Los visitantes siguen viniendo a pesar de que cada vez se les trata peor gracias a una izquierda que ha decidido empobrecer a la capital catalana. Poco remedio tiene Barcelona con un gobierno municipal débil, sin ideas y que sólo desarrolla una política de escaparate. El alcalde gobierna a golpe de telediario y eso siempre es una mala señal para los ciudadanos.
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