La desfachatez que lleva aparejada la vida política española llega a unos límites que nos dejan atónitos a los españoles y, por extensión, a cualquier otro ciudadano del mundo que siga o se informe acerca de lo que está sucediendo en España.
La evidencia de que existe un entramado mafioso y fraudulento, que se sintoniza con el partido que tiene su sede en la calle Ferraz de Madrid, está acumulando un grado de estrés en la política nacional que no había visto jamás. Una situación que pone de manifiesto escenas parlamentarias que deberían avergonzar a cualquier votante del perímetro Frankenstein, si les queda algo de vergüenza. Como vimos en la intervención de Santiago Abascal, da para hacer hasta un rosco de Pasapalabra, en lo que podemos interpretar como un gran homenaje a esa prueba final del afamado concurso tras ser substituida por un nuevo formato.
Todos los partidos que participaron en aquella bochornosa mayoría de investidura, que unió a la extrema izquierda de alta costura con la extrema derecha de Junts, pasando por los herederos del terrorismo y todo ese maremágnum de chupasangres que vieron la oportunidad para sacar lo máximo posible aprovechando la debilidad del maligno que fraguó esa mayoría antiEspaña, son los verdaderos culpables del ridículo y de que sigamos siendo el hazmerreír mundial.
Los que auparon al poder a Sánchez tienen la llave para que esto acabe, pero todos sabemos que lo que ganan con esta mafia gobernante es mucho más interesante y productivo que lo que pueden perder si vuelve la seriedad, el rigor y el respeto a España. Aunque duela, tendremos que esperar para ver ese deseable cambio en el Gobierno, siempre que Correos, Indra y el trasiego con urnas ya llenas no lo impidan.
La previsible caída inminente del que fue el gran faro y referente de la honestidad para el sanchismo, las condenas que ya tienen cuantificadas las penas, la humillante entrega del pasaporte por parte de la esposa catedrática o el fallo previsto para el tete músico, obviando todo lo que se puede ir sumando, justifican el deseado carpetazo y punto final. Pero no olvidemos que, para los que tienen como objetivo destruir España, la degradación de las instituciones y la imagen denigrante no es ningún problema.
El actual presidente sabe que está acabado y tiene la necesidad de soportar lo insoportable para intentar mediar desde la atalaya y aminorar el impacto. En este sentido, si la necesidad apremia, no podemos descartar que se coja otra semanita de reflexión para volver a planificar toda la estrategia. Seguro que le está dando vueltas a la posibilidad de retrasar la convocatoria de elecciones con alguna excusa, muy preocupado por todo lo que puede salir a la luz en adelante. La ejemplarizante condena de Aldama, beneficiado por su colaboracionismo con la verdad, puede tener seguidores. Algo que supone un alto riesgo y debe estar consumiendo al impresentable de los morritos.
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