El amiguismo es uno de los grandes males de la historia del RCD Espanyol, y se ha visto en la estructura del club a lo largo de sus 125 años de historia. Se ha tendido a fichar parte del personal de todas las áreas y de los directivos/consejeros por afinidades personales y no por las capacidades que cada uno tiene. Todos los niveles del entorno perico han estado afectados por este mal que poco a poco se ha ido paliando. Y lo defino como ‘mal’ porque nos cierra en nosotros mismos y nos impide abrirnos.
Tanto a la hora de escoger pericos o no pericos para dirigir el consejo, para trabajar o para colaborar con el club hay una tendencia a elegir al ‘amigo’ y no al que más vale. Por supuesto es un mal histórico, y esperemos que poco a poco se vaya paliando. Si no apostamos por los mejores, sino por las capillitas, siempre seremos un club menor y perdedor. Porque el amigo que ha sido colocado se dedicará a intentar sabotear los intentos de mejora de los que más valen, para encubrir su mediocridad y su falta de talento.
Podríamos hablar de muchas personas que han accedido a lo largo de nuestra historia a la directiva o al consejo de administración no en función de sus capacidades, sino de su cercanía a los dirigentes con más peso. Todos vosotros tenéis en mente unos cuantos. Una cosa es escoger gente de confianza, fundamental en estos niveles de dirección, y otra que su gran mérito sea el de ser “conocido de” o “amigo de”.
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