La política exterior de Pedro Sánchez vuelve a dejar en evidencia la absoluta falta de coherencia de su Ejecutivo. Mientras exhibe una contundencia desmedida hacia socios europeos, muestra una tibieza alarmante ante presiones externas. El contraste en la gestión de las fronteras revela un claro sesgo ideológico.
La grave crisis registrada en Ceuta, donde decenas de miles de personas cruzaron de forma irregular desde Marruecos, supuso un desafio directo a la soberanía nacional. Las imágenes en la frontera evidenciaron el desbordamiento de las capacidades estatales. La respuesta inicial de la Moncloa pecó de improvisación y falta de firmeza real frente a Rabat.
Ante la vulneración del espacio fronterizo español, el Ejecutivo optó por un perfil diplomático suave y comprensivo con el Reino de Marruecos. La prioridad gubernamental pareció ser evitar cualquier tensión incómoda con el vecino del sur. Se perdonó de facto la inacción marroquí en el control de sus propios límites territoriales.
Sin embargo, la actitud de la Moncloa cambia de forma radical cuando el interlocutor es un gobierno conservador de la Unión Europea. La reacción del gabinete español ante las medidas preventivas adoptadas por Italia ha sido de un rigor intransigente. La exigencia de explicaciones y los ultimátums a Roma contrastan con el silencio previo.
España ha llegado a restablecer los controles fronterizos y a exigir pasaporte a los viajeros procedentes de territorio italiano. Esta medida drástica afecta de lleno a ciudadanos europeos que se desplazan dentro del espacio Schengen. El Gobierno utiliza la fuerza del Estado contra un aliado tradicional mientras rehúye el conflicto con Marruecos.
Esta disparidad de criterio responde a un claro cálculo político de la izquierda. Ante la opinión pública, resulta cómodo para el relato gubernamental escenificar firmeza ante el Ejecutivo de Giorgia Meloni. En cambio, el coste de afrontar la realidad migratoria en la frontera sur se evita de manera sistemática.
La proyección exterior de España queda seriamente dañada por este doble rasero. Los socios comunitarios observan con perplejidad cómo Moncloa obstaculiza la libre circulación de viajeros en puertos y aeropuertos. Al mismo tiempo, se percibe una incapacidad manifiesta para garantizar la integridad en los límites continentales de Ceuta y Melilla.
Los principales perjudicados por esta política son los propios ciudadanos españoles e italianos. Quienes viajan por motivos de trabajo o turismo sufren ahora trámites y demoras en los controles. Se penaliza la movilidad interior en la Unión Europea para tapar las grietas de la política de frontera sur.
La gestión de las fronteras exige rigor, constancia y diplomacia sin complejos. Un Estado soberano no puede plegarse ante pulsos migratorios externos y al mismo tiempo castigar a un socio europeo por proteger sus accesos. La política exterior requiere sentido de Estado, no gesticulación partidista.
Pedro Sánchez debe abandonar las contradicciones y defender la soberanía española con la misma exigencia en todos los frentes. España necesita una estrategia migratoria seria que proteja Ceuta y coopere lealmente con sus aliados de la Unión Europea. La seguridad nacional no admite más dobles varas de medir.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.

















