España asiste atónita a un espectáculo de escapismo político sin precedentes. Mientras miles de hectáreas devoran los montes y la frontera sur vuelve a resquebrajarse, Moncloa ha decidido que el país solo debe mirar al cielo. La maquinaria de propaganda gubernamental ha encontrado en el eclipse solar su mejor aliado para eclipsar, valga la redundancia, una gestión sumida en el desorden y la inoperancia. La cobertura hiperbólica del fenómeno astronómico no es una casualidad informativa, sino una estrategia calculada de distracción masiva.
El aparato mediático afín al Ejecutivo abre informativos y copa portadas con boletines especiales y recomendaciones desmedidas, buscando enterrar la vergonzosa falta de coordinación estatal ante las llamas que asolan varias comunidades. Mientras la televisión pública dedica horas a analizar la penumbra solar, los dispositivos autonómicos de emergencia combaten los incendios en solitario ante la ausencia de una respuesta estatal centralizada y eficaz. El Gobierno prefiere debatir sobre la luminosidad del evento cósmico antes que dar explicaciones sobre la flagrante escasez de medios y la tardanza en la activación de los recursos de auxilio.
A esta desidia interna se suma la humillante situación vivida de nuevo en las fronteras de Ceuta. El régimen marroquí ha vuelto a evidenciar la debilidad de la diplomacia española mediante una gestión fronteriza del todo inaceptable que deja al descubierto la vulnerabilidad del Estado ante los chantajes de Rabat.Sin embargo, para el Ejecutivo de Pedro Sánchez esta humillación internacional parece no merecer más que notas a pie de página o un silencio cómplice.
Se diluye así una crisis soberana de primer orden bajo una retórica amable y vacía de contenido geopolítico, confirmando el sometimiento continuo ante el vecino del sur.Resulta lamentable que la respuesta gubernamental a los grandes problemas de la nación sea refugiarse en la cosmética y la ocultación. España no necesita un Gobierno que espere a que la luna tape el sol para esconder sus miserias, sino una administración seria que apague los fuegos y defienda con firmeza la dignidad de sus fronteras.
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