Que el PSC ha convertido la tradicional práctica del enchufe en una de las bellas artes lo podemos comprobar en los ayuntamientos de la corona metropolitana de Barcelona. Hay estratos de familiares colocados en las administraciones municipales que controlan las socialistas, y cada generación le pasa el testigo – y la plaza y el sueldo público – a la posterior.
Se dice que alguno de ellos incluso trabaja, en vez de limitarse a fichar y pasarse toda la mañana en el bar de la esquina conspirando contra los rivales políticos (internos). Recordamos un caso en una importante ciudad que era espectacular.
En esta ciudad había dos bandos continuamente enfrentados. Una familia tenía a todos sus miembros militando en la agrupación local, y tenían unos quince votos. Cada vez que estallaba una guerra y había una votación a vida o muerte, casualmente uno de sus miembros encontraba trabajo en el ayuntamiento. Y toda la familia votaba en bloque lo que tocara en cada momento. La familia que vota unida, se coloca unida, es el lema del PSC.
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