“Los de los cafeses” al poder

Si quiero citar a alguien importante o conocido, siempre pienso en hacerlo, el no tener a mano el calendario “Myrga” me impide el alarde culturalista. Entonces tiro de casticismo, en este caso el de mi amigo Pedro que, en tiempos, hablando de un conocido político de la comunidad de Madrid me lo definió por su capacidad como adecuado para ser “chico de los cafeses”.

Hace unos días en la comparecencia de Aznar en la comisión investigadora sobre corrupción, le escuché preguntando y me vino a la memoria la definición. Y se confirmaba.

Obviamente nada tiene que ver con ser camarero o “barista” como ahora veo se usa también y que obviamente precisa profesionalidad y especialización. “Chico para los cafeses” venia a fijar la capacidad intelectiva y práctica de alguien que, en cualquier ámbito, tenía serias limitaciones para asumir los retos intelectuales o profesionales de necesaria capacitación mínima. Y por tanto se decía que trajese las bebidas que los otros pedían. Meritoriaje a la antigua

Pues no es un caso siquiera connotado, el de político citado sin citar. El problema es la abundancia de personas que en la política actual podríamos clasificar de esta manera. Es decir, personas que las vemos desempeñando tareas de cierta relevancia como representantes públicos o cargos y que uno cuando busca compañeros de trabajo y no digamos profesionales con los que compartir faena, no contrataría nunca. Por falta de confianza.

Si esto puede parecer una forma despectiva de calificar o descalificar, nada de eso; es una forma de evaluar la validez de quienes nos gobiernan o pretenden hacerlo.

Lo mejor quizás sea ejemplificar un poco. Destacarían algunas personas que no se precisa citar pues todos conocemos. El otro día, en la citada comparecencia del expresidente Aznar del que se puede disentir e incluso aborrecer como talante de persona y mandatario, -cerca estoy de ello yo mismo-, pero nunca calificar por su preparación como “de cafeses”, fue preguntado es un decir, por el diputado estrella de esta legislatura, aquel que llega, rozna, ríe para sí, hace mohín, recibe correctivo por ignorante y se va corriendo a “alardear de inteligencia” a la tv amiga que, habiéndolo grabado en directo, le permite decir que triunfó en un intervalo de su galbana, para la oportunista exposición audiovisual.

En la misma comparecencia otro muy conocido “esperanza blanca del tardo progresismo” preguntó sin tener bien hechos lo apuntes y hundió su interrogatorio por formulación errónea, negando luego su confusión al hacerla. Ni que decir tiene que a ello se asió el compareciente y enzarzados en refriega fangosa, se le fue escabullendo con bravatas, desprecios y ninguneos sin fin.

Dos de “los de los cafeses”. A ello podemos sumar el presidente Sánchez que copió, citó, olvidó entrecomillar, plagió, uso programas de rastreo antiplagio sin tener licencia oficial en la Moncloa, cayó en error, etc., en su tesis doctoral. Yo no tengo ninguna tesis hecha, pero he visto en la universidad, donde he tenido socios empresariales, como a los doctorandos les costaba años, entre cuatro y siete, iniciar y dar fin a su tesis. Presidente de “los de los cafeses”. Y 47 millones de personas pendientes de él, ¡poca broma!

De todas formas, en los largos años de la gobernanza identitario-patriótica-corrupta, modalidad de larga tradición en Cataluña (dudo si ya desde 1714 pero todo se andará si se investiga), hace que seamos la comunidad en vanguardia para la producción y desarrollo de estos especímenes.

Nadie se atreverá a contradecirme que el sumun hasta ahora lo han alcanzado la presidencia bicéfala que tenemos el oprobio de gozar.

El “viajero huidizo” (vea que no uso lo de fugado por no molestar su delicada autoestima), de quien no se conoce una idea original ha conseguido, mediante tácticas de secta, tener embobada a parte de la población. Y con mucha pasta, también. Y como caso extraordinario a un supuesto presidente que acepta no usar el despacho del “viajero huidizo” para ejercer de títere, eso sí después de un meritoriaje donde la práctica del insulto, la ejercitación de la bellaquería y la perorata surrealista le ha capacitado para, juntamente con el superior e ignorante pretencioso, pastorear a la grey convencida de sus altos designios a los que se dedican con afán infinito, no trabajar casi nada, enredar bastante y cobrar mucho. “Los de los cafeses”, cum laude.

Para merecernos destacada calificación cabe no olvidar a los dos petimetres bravucones sobre coches policiales destrozados arengando a la toma del palacio de Sant Jaume (¿el de “Cataluña en miniatura”?). O el de un vicepresidente que desde prisión hace unas misivas que parecen plagiadas del manual de powerflower cuando antes nos anatemizaba incluso basándose en la supuesta genética defectuosa de la mayor parte de sus gobernados. Ejemplos que completan las fugas de la que el día antes decía “llegaremos hasta el final” sin aclarar que se refería a un ramal internacional del Talgo a Ginebra o quien, desde la supuesta izquierda de la siniestra a la izquierda de lo zurdo, desaparece previo remozado de su apariencia física. El portavoz espiado “me sigue un señor en patinete”, el pisaverde con la varita para presidir el Parlament, la portavoz remilgada, la o el…

Ninguno merece puesto alguno en trabajo o responsabilidad seria, ninguno superaría un serio proceso de selección laboral. Y lo increíble es que nos gobiernan, que manejan dineros públicos para sus intereses, sí dineros nuestros, que tienen sueldos de escándalo, que colocan amigos en puestos muy bien pagados, que despilfarran, que no gobiernan y que además se perpetuán. No sé si eso de tener el gobierno que nos merecemos se puede mantener. En la comunidad de Cataluña ya no; en España la cosa se deteriora con celeridad. Muchos, demasiados de “los de los cafeses” nos hunden día a día.

José Luis Vergara. septiembre 2018


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