Las declaraciones más xenófobas de los presidentes de la Generalitat

En su ensayo El golpe posmoderno, Daniel Gascón sostiene que uno de los ingredientes destacados del separatismo ha sido “una pulsión de superioridad y un rechazo hacia el otro”. Ciertamente, los tuits y artículos xenófobos de Quim Torra conocidos hace unos meses no ayudan a desmentir el argumento de Gascón. Recordemos que el presidente de la Generalitat consideró a los castellanoparlantes que viven en Cataluña “carroña” o “bestias con taras genéticas”.

Estas invectivas levantaron una enorme indignación, y políticos e intelectuales de distinto signo —al menos en la parte constitucionalista— coincidieron en calificarlas de “supremacistas”. Sin embargo, no es la primera vez que un presidente catalán realiza afirmaciones de esta índole. Es más, la hemeroteca atestigua que todos los presidentes nacionalistas que han ocupado la Generalitat en democracia han efectuado, en algún momento, comentarios despectivos sobre el resto de españoles —o  sobre los catalanes no secesionistas—.

En este sentido, los textos xenófobos elaborados por Jordi Pujol revisten para muchos la misma gravedad que los del actual presidente catalán. Así, en el libro Inmigración. Problema y esperanza de Cataluña, publicado en 1976, el que fue presidente de Cataluña durante 23 años escribió:

“El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido […], es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes: es un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. Introduciría en ella su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir su falta de mentalidad”.

En este caso, el discurso etnicista era compartido por su esposa, Marta Ferrusola, que en una ocasión protestó por las condiciones en las que debió cuidar de su familia: “Mis hijos no podían jugar en el parque cuando eran pequeños. Me decían: ‘Madre, todos son castellanos”. Días más tarde, su marido salió en su defensa añadiendo que “lo que piensa Marta Ferrusola lo piensa la mayoría”. No fue la única polémica de este tipo en la que se vio envuelta. Tras ser investido José Montilla presidente de Cataluña, Ferrusola manifestó que le molestaba “mucho” que ocupara ese puesto un “andaluz con nombre en castellano”.

También albergó prejuicios similares el líder que eligió Pujol como su sucesor: Artur Mas. Apenas un año después de acceder a la presidencia, éste defendió en el Parlament la inmersión lingüística alegando que los escolares catalanes hablaban un perfecto español. En cambio, aseguró, “los niños de Sevilla, Málaga o La Coruña hablan castellano, pero a veces no se les entiende”. Posteriormente, y ante el alud de críticas recibidas, pidió disculpas.

No obstante, unos meses después, en una entrevista con Pilar Rahola, Mas subrayó las diferencias entre la sociedad catalana y la española, resultando la primera más competitiva y solidaria. Y entre otras reflexiones, deslizó la siguiente:

“Quizás el ADN cultural catalán está mezclado con nuestra larga pertenencia al mundo franco-germánico. En definitiva, Cataluña, doce siglos atrás, pertenecía a la marca hispánica y la capital era Aquisgrán, el corazón del imperio de Carlomagno. Algo debe de quedar en nuestro ADN, porque los catalanes tenemos un cordón umbilical que nos hace más germánicos y menos romanos.”

Por último, el ex presidente de la Generalitat hoy huido a Bélgica, Carles Puigdemont, acabó un discurso a favor de la secesión en 2013 recordando una cita que pedía “expulsar a los invasores de Cataluña”. Puigdemont —a la sazón alcalde de Girona— hizo suya una frase de Carles Rahola, periodista fusilado por el franquismo:  “Los invasores serán expulsados de Cataluña, como lo fueron en Bélgica, y nuestra tierra volverá a ser, bajo la república, en la paz y en el trabajo, señora de sus libertades y sus destinos. ¡Viva Girona y viva Cataluña libre!”. Al convertirse en president tres años más tarde, diversos medios recordaron la beligerancia de aquellas palabras.

Para Francisco Caja, filósofo y autor de La raza catalana, el supremacismo del que han hecho gala Quim Torra y otros líderes separatistas no es casual: “El racismo forma parte del ADN del nacionalismo catalán”. Según Caja, “intelectuales como Valentí Almirall o Pompeu Gener defendieron en los años 30 tesis racistas que no eran testimoniales, sino el núcleo del movimiento”.

El filósofo también explica que Jordi Pujol suscribía aquellas ideas, pero con el tiempo fue disimulando sus aristas. “Por ejemplo, acuñó el término ‘inmigración’  para referirse a los españoles que se desplazaron a trabajar a Cataluña. De esta forma, calaba la idea de que eran extranjeros”.

Por otra parte, Caja juzga a Pujol responsable último del conflicto actual. “El supremacismo es una ficción que lleva cociéndose más de un siglo, pero fue Jordi Pujol el que le dio el empujón definitivo”, sentencia. “Recuérdese”, indica, “el documento de los años 90 que detallaba su plan para infiltrar las ideas nacionalistas en cada rincón de la sociedad”. A su juicio, este proceso ha conducido a la división de Cataluña y a que hoy la gobierne un “hombre fanático y carente de talento como el señor Torra”.

Por Óscar Benítez


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