Los aficionados catalanes “emigran” a Francia para ver toros

José R. Palomar

Desde que la Monumental cerró sus puertas, debido a la prohibición de las corridas de toros por el Parlament, el núcleo fundamental viajero de los aficionados catalanes ha sido Francia. Ya lo fue históricamente en la década de los ochenta cuando el empresario Simón Casas introdujo un nuevo concepto del espectáculo taurino en Nimes. Y a esta plaza, junto a otras como Arles, Istres o Ceret (esta última la más cercana a la frontera hispano-francesa) es una de las más visitadas por los taurinos, ayunos de corridas en la plaza de toros de Barcelona. Ahora, siendo legales tras la sentencia del Tribunal Constitucional (TC), la empresa no quiere abrir sus puertas: al menos para festejos taurinos.

El esfuerzo de desplazarse al país galo no es baladí: hay que sumar “transporte por carretera o tren, además de gasolina, peajes”, según confirma Germán Jiménez, informador taurino especializado en cubrir las ferias francesas del Noreste. Además- prosigue- “supone un esfuerzo económico, puesto que las entradas son más caras que en España, por regla general”.

Pedro Beltrán es un veterano aficionado que ha viajado en alguna ocasión a Francia en coche para disfrutar de la fiesta nacional. Fue, por ejemplo, a ver matar seis toros a José Tomás en Nimes, y asegura que el coste puede alcanzar entre los 200 y 250 euros, “dependiendo si te quedas a pernoctar”. “A Ceret he ido en varias ocasiones con la Unión de Taurinos Aficionados de Cataluña (UTYAC) y en autocar resulta más económico”, señala.

Los hay que “emigran” a Francia desde más lejos, Tarragona, que supone una hora más de autopista. Es el caso de Salvador Sanabra, que al estar jubilado y a sus 67 años dispone de más tiempo y se siente “feliz de poder viajar a Francia, aunque con el disgusto lógico de no hacerlo a Barcelona, como ocurría en las tardes de toros dominicales de no hace tantos años”. Suele viajar con su mujer y hace noche en Nimes para estar un par de días. A Ceret ha ido hasta 14 veces (la primera junto a Juan Soto Viñolo). Y este año se ha quedado toda la feria, un fin de semana completo. Aunque apunta que “el precio de las localidades es alto, el espectáculo allí vale la pena”.

El recibimiento de la afición francesa, según coinciden todos, es muy satisfactorio. Por ejemplo,  Jiménez piensa que “recibimos signos de admiración por nuestra incansable lucha. Resulta difícil de explicar a los aficionados franceses lo inexplicable: por qué la Monumental no se ha reabierto, cuando la sentencia del TC da derecho a hacerlo”. “Los franceses valoran el esfuerzo que hacemos viajando, y la decepción de no poder ver toros en tu tierra”, indica por su parte Beltrán. Y Sanabra agradece que “incluso haya pancartas de apoyo a la afición catalana en los tendidos” del país vecino.

Otra fiesta

Aun manteniendo lo tradicional y las reglas esenciales, en Francia el público es muy distinto al de España. Así lo explica Germán Jiménez: “Francia vive la Fiesta desde una perspectiva eminentemente cultural, mientras que en España lo hacemos con una vertiente festiva. El público galo es mucho más letrado y cultivado. En contrapartida, en Francia se echa de menos, al mismo tiempo, la alegría con la que se viven las corridas de toros”. Beltrán pone énfasis en la importancia que se le da al tercio de varas en nuestro país vecino “, hasta el punto de que en cada corrida premian a un picador (cosa que sería impensable en España…). Y Salvador Sanabra destaca “el silencio con que se palpa en el ambiente del coso, sea Nimes, Ceret o Arles, mientras el diestro está ante el toro. Y por supuesto ante de la suerte suprema: matar al animal. Un silencio que – en España- sólo podría equipararse a los silencios sepulcrales de la Maestranza de Sevilla”. “Esto -añade Sanabra– hace que se escuchen los bramidos del toro, y hasta las voces de los toreros citando a la res”.

Picadores

Una de las cosas que más diferencian a las aficiones francesa y española, es la importancia fundamental que dan en la primera la suerte de varas: la que ejercen los picadores. A los toros se les coloca de lejos para que acudan al caballo, a poder ser dos o más veces. Es la forma de calibrar su bravura. Incluso en Ceret se otorga en cada festejo un trofeo “al mejor picador”. Y en el resto, figuran entre los principales galardonados tras una feria.

Enrique Patón (ex matador de toros) es un gran conocedor de los toros en Francia, no en vano fue el socio de la empresa inicial que fundó el empresario galo Simón Casas. Éste no coincide con el parecer que predomina sobre el incremento de público catalán ( y  español en general) en las plazas francesas. “Si la gente no tiene para comer, difícilmente se plantea viajar a una plaza francesa, con los gastos que ello conlleva. Lo he experimentado -prosigue- en otras plazas, incluso más cercanas a Barcelona como son Castellón y Zaragoza. De la primera feria, donde fui muchos años empresario, hicimos un acto en la Federación, ofreciendo posibilidades de desplazamiento y presentando los carteles con precios especiales para quienes vinieran de Cataluña. Pero el autocar no se llenó”. Afirma. Patón, en definitiva, sostiene que “la crisis que nació en el 2008 y 2009, ha sido determinante para que la gente se lo piense antes de viajar a Francia. Y en caso de hacerlo -añade- se centra en el cartel más importante y atractivo de la Feria de Nimes, no tanto de acudir a diario”.

Para el empresario Enrique Patón la supresión durante seis años de los toros en Barcelona “ha desanimado a gran parte de los aficionados. Eso sí, queda un reducto pequeño, pero selecto, que organiza actos y que viaja, no sólo a Francia, sino a Zaragoza, Castellón y también a Madrid”. El “boom” de Nimes, pionera en la forma de presentar el espectáculo  taurino en Francia, comenzó en los últimos años del la década de los 80, y alcanzó su punto álgido en los 90, con carteles espectaculares, trayendo a figuras que no habían pisado ruedos franceses. Y, sobre todo, un grupo de intelectuales aficionados: Viladecans y Boadella, entre otros. Pero, curiosamente, también destacados políticos, que preferían “no hacerse ver” en la Monumental, cuando empezó la “cruzada antitaurina”, y que sí acudían a Francia, normalmente invitados. Un ejemplo, el ahora independentista Santi Vila

Istres

Istres es una localidad de la región Provenza-Alpes-Costa Azul, a unos 450 kilómetros de Barcelona, y a la que también se puede ir en avión, dada su cercanía a Montpellier.. También es cita ocasional para muchos aficionados catalanes, aunque no tanto como el resto de poblaciones mencionadas. Hay un grupo de aficionados al frente de la plaza, uno de ellos el ex torero catalán César Pérez, que han conseguido hacer, como empresarios, de cada feria un acontecimiento.

Hace tres años Joselito volvió por una tarde a torear, cuando ya estaba retirado. El pasado, Enrique Ponce mató seis toros (con la particularidad de un acompañamiento de música clásica, y vestido de esmoquin). Y en la feria de este año, siempre en el mes de junio, ha reaparecido por un día El Fundi (cosa que nadie esperaba), junto a, precisamente Enrique Ponce.  

Esta plaza tiene un aforo de 3.000 localidades (3.600 si incluimos los que permanecen en el callejón). De ellos, pueden haber acudido unos 100 catalanes (cifra siempre aproximada, porque los hay que viajan en autocar, pero también algunos llenan un coche para ahorrar gastos).

Las entradas se pueden adquirir por internet, eligiendo fila y asiento. Hay ofertas económicas, y se pueden presenciar cuatro corridas por 100 euros. Unos meses antes, como el resto de ferias, se presenta el evento a la Federación Taurina Catalana, lo que anima a muchos aficionados a plantearse el viaje. También cercana a Cataluña (a 282 kilómetros desde Barcelona), está otra ciudad taurina, Beziers, con una importante feria. Sin embargo, al celebrarse en agosto, no registra tantos “aficionados emigrantes” de Cataluña, como otras plazas.

El segundo fin de semana de éste julio, por otro lado, se celebró la Feria de Ceret, población que está a una hora y media de Barcelona por autopista. Es una plaza muy peculiar: se canta “Els Segadors” antes del paseíllo y existe una curiosa mezcla franceso-catalana. Es un coso pequeño y las entradas son caras. Allí acudió un autocar de socios del Club Natació Barcelona y otros aficionados en coche. Algunos se quedaron a dormir en La Jonquera, donde hay un confortable parador-Hotel, ya que el pueblo de Ceret se queda sin habitaciones durante la feria.

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