Lo menos que podemos hacer para respetar la memoria de los más de 200 fallecidos y los cerca de 200.000 que han perdido al menos el 50% de su patrimonio o trabajo en Valencia, es sacar unas conclusiones que eviten sucesos parecidos en el futuro. Ya han empezado a circular conclusiones falsas y conviene aclarar temas y comentar las medidas que se podrían tomar.
1.- Se conocía el riesgo y no se hizo nada. Parece que en árabe xúquer (Júcar) significa “el devastador”. En 1795 Cavanilles publicó un libro donde dice sobre el barranco que pasa junto a la venta de Poyo: “Su profundo y ancho cauce siempre está seco, salvo en las avenidas quando recibe tantas aguas y corre tan furiosamente, que destruye quanto encuentra. En 1775 causó muchísimas desgracias en Chiva, sorprehendiendo á media noche sus vecinos; asoló un número considerable de edificios, esparciendo por más de dos leguas los tristes despojos y los cadáveres de los pobres que no pudiéron evitar la muerte.” Lo sabían los árabes y se sabía hace tres siglos. La Albufera se ha formado con los aluviones de los barrancos. El Plan Hidrológico de Aznar de 2001 incluía un pequeño embalse en Cheste y obras en el cauce del barranco del Poyo, pero fue modificado por Zapatero en 2004, se dificultaron los trasvases, se perdió el momentum y ya nadie se tomó en serio su puesta en marcha. La Ley de la Huerta de Valencia de Ximo Puig no ayudó. Nunca se hizo una obra relevante en ese barranco y sólo tenía control de caudal en un único punto. La responsabilidad principal recae en la confederación hidrográfica del Júcar (CHJ) y sus superiores en el gobierno nacional a lo largo de estas dos décadas. Ahora alegan en su defensa que son responsables de ríos y no de barrancos, pero está claro que solo oír eso basta para descalificarlos.
2.- No tiene nada que ver con el cambio climático. Como explica detalladamente Fernando del Pino en sus análisis -son gratuitos en www.fpcs.es – la temperatura del mar era más fría y llovió menos que en otras gotas frías. Nada que ver con el presunto calentamiento del Mediterráneo. La manifestación de Sánchez en la COP29 de Bakú achacando la gota fría al cambio climático es mentira. Simplemente hemos sufrido un daño enorme porque se ha construido, además mucho, en zonas inundables y el aforo del cauce no se había cuidado y se había reducido excesivamente.
3.- Es imprescindible ampliar y limpiar todos los cauces que puedan tener avenidas. Los vídeos con oleadas llenas de cañas punzantes, en tramos con más de tres metros de altura, son escalofriantes. Esas cañas, encima de una especie foránea invasora, taparon los vanos de algunos puentes y provocaron su destrucción, produciendo crecidas todavía mayores. Debería ser delito seguir propagando la mentira de que es bueno que haya vegetación porque eso retrasa la avenida y permite avisar aguas abajo, cuando el mejor aviso sería una subida del nivel del agua progresiva, sin crecidas peligrosas. Sería una subida menor porque con un cauce ancho y limpio el aforo es mayor y desagua sin producir retenciones. El ejemplo del buen funcionamiento del nuevo cauce del Turia se debería seguir, aunque sea una obra franquista, construida después de los 81 muertos de la riada de 1957. Cara al futuro y aunque se pueda construir alguna presa que mitigaría algo, lo vital sería ampliar y limpiar los cauces, aunque eso supusiera derribar edificaciones levantadas en terreno inundable. Si no se derriban se justifica de algún modo el comportamiento, si no ilegal, sí ilegítimo, de permitir edificar donde no se debe. Debemos aceptar que el desarrollo tiene límites y habrá que construir polígonos industriales más lejos del puerto y zonas residenciales más lejos del centro. El río más caudaloso de España, el Ebro, tiene avenidas fuertes y su cauce debe estar limpio, no como ahora. Se pueden dejar las orillas tal cual solo en corrientes sin crecidas, con pendientes leves y sin construcciones cerca.
4.- Hay que sustituir a los responsables de la AEMET y la CHJ y, probablemente, de otras CH. Ya éramos conscientes del nivel de nuestros políticos, pero el fracaso de estas dos instituciones es inconmensurable. Meteo-France tiene una precisión doble que la AEMET y predijo con tiempo el desbordamiento del barranco del Poyo. Bastaba con haber mirado lo que estaban diciendo los franceses. Los correos que mandó la CHJ son penosos, sin una frecuencia adecuada, sin cubrir en varios puntos los barrancos peligrosos, sin estimación automática de lo que esos números significan aguas abajo y sin recomendaciones de actuación concretas. Se necesita un sistema de análisis que evalúe en tiempo real todas las informaciones que se recogen, haga predicciones concretas para cada punto del recorrido y recomiende el nivel de alarma automáticamente. Los errores cometidos por los técnicos presentes, por acción y omisión de información y recomendaciones, su falta de foco en el barranco del Poyo y el desaguar el embalse de Forada cuando ya había resistido, se estudiarán en las escuelas de negocio. Y ¡qué menos que estar presencialmente en el comité de emergencias y no por videollamada! La colonización de instituciones por el poder político lleva a nombrar a un concejal del PSOE de un pueblo como presidente de la CHJ. ¡Hay tantas instituciones que tendrían que ser ajenas a los intereses partidistas y se han colonizado en los últimos años!
5.- Los políticos… Cualquier comentario o recomendación superaría el tamaño de este artículo. A destacar que no funcionan sin que el jefe lo diga y con Sánchez volviendo de la India, con Ribera en Francia y con Mazón en una comida de trabajo todos parados. Y luego a echarse fango unos a otros y gana el que miente mejor y tiene más medios comprados. Hay que destacar también que toman sus decisiones por cómo les afecta personalmente o a su partido, no por lo que sea mejor para los ciudadanos. Para eso es preferible un sistema donde el Congreso se elija por sorteo entre todos los españoles. De hecho, ya se usa este sistema para elegir los jurados populares y para la constitución de las mesas electorales. Elegidos al azar esos 350 españoles en el nacional y los que correspondan en cada autonomía seguro que tomaban decisiones más acertadas y elegían mejor, con la evaluación de profesionales de selección de personal, a los que nos gobiernen. Sin intereses partidistas y con pocos personales porque todo el mundo sabe que a los cuatro años van a ser otros los que legislen. Con un límite de 8 o 12 años para ser dirigente a cualquier nivel del poder ejecutivo para que tengan también una vida profesional antes o después de la política y con un judicial profesional e independiente. Es decir, con el menor número posible de políticos “de toda la vida” y con mucha sociedad civil.
6.- Hay que mejorar la fijación del nivel de alerta y su comunicación. Como en el cuento de Pedro y el lobo un exceso de alertas rojas dificulta que sirvan de algo. En muchos aspectos ya sean de temperaturas o de contaminación, de nieve, vientos o lluvias, los niveles de alerta parece que están puestos para crear una sensación de inquietud por el cambio climático en el ciudadano y noticias para los medios de comunicación. Desconozco una justificación razonable para que en Lugo el nivel de temperatura alarmante sea mucho más bajo que en Jaén, porque no creo que los lucenses estén hechos de mantequilla. Parece que tenga que ver más con la probabilidad de que se llegue a cada nivel cada año en cada sitio, cuando una alerta roja debería saltar cuando el peligro implique que todos los ciudadanos deben hacer algo concreto y muy diferente de lo habitual. La justificación de cada nivel amarillo, naranja y rojo, cómo se comunica y cuál debe ser la reacción del ciudadano debe ser, respectivamente, razonable, rápida y a todos y entrenada.
7.- Los voluntarios. Encomiable su iniciativa, su generosidad, su disposición, sus ganas; no solo en los primeros días sino mantenido en el tiempo. Quizás la única esperanza de que podemos construir una España mejor. “Solo el pueblo salva al pueblo” incide en lo que decía de nombrar el legislativo al azar, una representación que estadísticamente reflejaría al pueblo directamente. Pero se necesita también entrenamiento, organización, medios y para eso el servicio civil voluntario que comenté aquí mismo hace unas semanas podría ser el canal adecuado.
Podemos aprender más de este lamentable desastre natural, agravado por la predecible negligencia del entramado político, pero con que hiciéramos mejor alguno de estos siete puntos ya habríamos dado un paso de gigante.
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