El Espanyol representa un sentimiento que a todos nos une, pero también es una entidad que maneja docenas de millones de euros al año. Y a los pericos nos conviene que siempre se gaste el dinero con un criterio profesional, no por ‘afinidades’. Está claro que el club es propiedad de una multinacional extranjera, pero tenemos que velar por el buen uso del dinero, reconociendo el derecho a los dueños a tener la última palabra.
Y es que en el caso que no se invirtieran bien nuestros recursos no nos beneficiaría en absoluto, porque nos impediría crecer. El sentimiento perico ha de estar representado por la grada, que es la que ha de impedir que se produzcan excesos mercantilistas que acaben con la filosofía del club.
Pero en el día a día, jerarquía y profesionalidad. Más pensar en iniciativas y proyectos que puedan beneficiar al Espanyol, y menos cháchara que no lleva a ninguna parte. ¿Quejarse si se hacen las cosas mal? Por supuesto, pero planteando alternativas. ¿Denunciar los excesos? Siempre, si es para que el club mejore. ¿Pedir dimisiones? Por supuesto, si no es un “quítate tú para ponerme yo”. Profesionalidad. Trabajo bien hecho. Escoger a los mejores, tengan o no tradición espanyolista. Ambición. Ganas de trabajar. Ese es el RCDE que quiero.
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