El exceso de información que sufrimos hoy es brutal y ya tiene nombre (“infoxicación”); se impone seleccionar y reflexionar para poder digerir. Me parece instructivo hacer comparaciones (no serán odiosas si no salen de nuestra meditación) y también muy útil relacionar hechos de aquí y allá; puede incluso ser inevitable, pues el cerebro funciona gracias a conexiones que se producen entre neuronas y a veces se dispara solo.
Fue noticia el otro día que orasen juntos el Papa León XIV, Pastor Supremo de la Iglesia Católica, y el Rey Carlos III, Gobernador Supremo de la Iglesia Anglicana, por primera vez en el medio milenio de vida de ésta. Lo hicieron en público, en la Capilla Sixtina, por la unidad de ambas Iglesias y subrayando los elementos comunes por encima de las diferencias. El gesto ecuménico, quizás tímido pero ejemplar, hizo que se conectaran dos de las neuronas que me quedan y se me antojó una lección para quienes, entre mis paisanos catalanes, no se cansan de señalar singularidades que siguen siendo mínimas por mucho que las magnifiquen (tampoco me cansaré yo de predicar lo contrario).
Si existiera una Iglesia Catalana (con mayúsculas) para ellos sería la única verdadera, y habría una “fe diferencial” (bastaría suprimir la “t” del inicuo “fet diferencial”) sin importar que el contraste con la fe de enfrente fuera ridículo.
Es sabido que, entre las confesiones cristianas protestantes, la Iglesia Anglicana es la más parecida a la Católica. Nació en el s.XVI por razones exclusivamente políticas (el desacato del Rey Enrique VIII al Papa Clemente VII por un “quítame allá esas bodas”: un cisma nada teológico, vaya). En esencia: misma Biblia, misma tradición apostólica, mismo credo, mismos sacramentos (salvo la confesión privada), misma Virgen Madre de Dios, mismo calendario e indumentaria litúrgicos…; discrepancias: celibato del clero, ordenación de mujeres y matrimonio homosexual.
Han hecho muy bien en rezar juntos y subrayar lo común en vez de lo distinto ya que, a fin de cuentas, incluso lo que puede ser importante para unos puede no ser esencial para ninguno. Subrayar lo común es abrazar, mientras que subrayar lo distinto es “hacer la cobra”, como se dice ahora, y ni es moral ni hay ninguna necesidad.
También son mínimas las diferencias entre los catalanes y el resto de los españoles, se pongan como se pongan los del “procés”; a mis neuronas les cuesta ver otras que no sean el bilingüismo y la contumacia (acepción jurídica de rebeldía y acepción de persistencia en el error). ¿Qué otra diferencia existe?, ¿alguna tradición?… las hay en todas partes, e igualmente válidas. Puesto que he empezado hablando de religión, diré que también compartimos el mismo credo (incluso el mismo proceso de secularización), y la misma Virgen… (de Montserrat a Covadonga hay 600 kms, pero la separación mariológica entre advocaciones es nula, ¿o no?). Concluyo, pues, que se queda todo en una actitud de rebeldía hacia “el Papa de Madrit” y los motivos personales de cuatro “enriqueoctavos aficionados” de Sant Andreu, Santa Coloma, Amer o Waterloo. ¡Oremos, hermanos!
Buena lección de León XIV y Carlos III para el independentismo (pese a que le habrá pasado desapercibida); más que eso: una bofetada ética e intelectual. Y acabo con otra bofetada, del moralista francés Luc de Clapiers, para la otra mejilla: “No tener ningún defecto es tan singular como no tener ninguna virtud”. Hay sitio en el rincón de pensar.
NOTA DE LA REDACCIÓN: elCatalán.es necesita su apoyo para seguir con nuestra labor de defensa del constitucionalismo catalán y de la unidad de nuestro país frente al separatismo. Si pueden, sea 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















