El choque político por la expulsión de un coro separatista en la basílica de la Sagrada Familia ha llegado a la Cámara Alta. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha comparecido este martes en el Senado para rendir cuentas sobre el polémico incidente. Lo ha hecho a raíz de una interpelación directa del grupo parlamentario Junts.
Los hechos ocurrieron durante la solemne bendición del papa León XIV de la torre de Jesucristo, un evento de gran trascendencia para el templo barcelonés. Miembros de la formación independentista exigieron explicaciones inmediatas al Ejecutivo central. Consideran que la actuación policial supuso un ataque frontal a los derechos civiles de los coralistas catalanes. Un grupo de cantores intentaron lucir esteladas y cantar ‘Els Segadors’ para reventar el acto, pero la policía lo evitó desalojándolos con discreción.
Frente a estas acusaciones, el titular de Interior ha defendido con firmeza la actuación de los agentes desplegados en el templo. Marlaska ha asegurado que las fuerzas de seguridad detectaron material de propaganda entre los músicos. En concreto, el ministro ha señalado la presencia de octavillas y banderas esteladas ocultas entre los participantes.
Según la versión del Gobierno, los miembros del coro tenían la intención de alterar el normal desarrollo de la ceremonia eclesiástica. La inteligencia policial detectó un plan coordinado para politizar un acto de carácter estrictamente litúrgico. De este modo, Interior justifica el desalojo preventivo para evitar un boicot mayor.
Por su parte, los cantores afectados han negado de forma categórica que pretendieran sabotear el evento religioso. Los integrantes de la agrupación musical aseguran que su único propósito era interpretar el himno tradicional catalán, Els Segadors. Según su testimonio, la interpretación estaba prevista para el cierre definitivo de los actos oficiales.
Sin embargo, el Ejecutivo sanchista se alinea con las directrices previas que había marcado la propia jerarquía eclesiástica de Barcelona. El deán de la basílica había advertido con antelación de que no se tolerarían proclamas ideológicas ni reivindicaciones partidistas en el interior del templo. El orden eclesiástico imperó sobre la protesta.
En su comparecencia, Marlaska ha detallado que el operativo se ejecutó de forma conjunta y coordinada. En el despliegue participaron tanto efectivos de la Policía Nacional como agentes de los Mossos d’Esquadra. Esta cooperación bilateral busca diluir las críticas del nacionalismo hacia el Ministerio del Interior.
El ministro ha insistido en que la intervención fue proporcionada, necesaria e imprescindible en todo momento. A su juicio, la retirada del coro se realizó provocando el menor perjuicio posible para los asistentes y los propios implicados. Desde el Gobierno se niega de forma tajante cualquier tipo de abuso de autoridad.
Finalmente, el responsable de Interior ha mostrado una profunda satisfacción por el desenlace del conflicto en la capital catalana. La Moncloa considera que la resolución del incidente ofreció una imagen impecable de Catalunya y Barcelona de cara al exterior. Marlaska saca pecho en un momento en el que su gestión está en entredicho por el uso partidista de las fuerzas del orden.
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