I ho dius tant de temps després dels 18 mesos, després de les 155 monedes de plata, de les campanyes de l’estructura B i defensant més al PSOE de tot que a qualsevol independentista català. Sempre disposat i dedicant-te a minar la unitat independentista.
Si us plau Rufian fes-te… https://t.co/gYSe0T4ISG— Jordi Turull i Negre (@jorditurull) August 8, 2026
El segundo aniversario de la fuga relámpago del prófugo Carles Puigdemont en Barcelona ha desatado una agria batalla verbal entre Junts y Esquerra Republicana. Los dos partidos de la antigua coalición separatista intercambian duras acusaciones, exponiendo su profunda división ante la opinión pública.
El detonante ha sido el intento de la dirección de Junts de sacralizar aquel episodio de agosto de 2024. Jordi Turull ha calificado la jornada como un triunfo que puso al descubierto las supuestas vulnerabilidades del Estado de derecho.
La respuesta de Gabriel Rufián no se ha hecho esperar, desbaratando la narrativa heroica que intenta vender el partido de Puigdemont. El portavoz de ERC en el Congreso ha tachado el episodio de ridículo colectivo y de vergonzosa frivolidad política.
Rufián ha ido más lejos al señalar el grave perjuicio institucional que causó aquella maniobra. El dirigente republicano acusa al expresidente de manipular a los Mossos d’Esquadra y de alimentar una enorme frustración entre sus propios seguidores.
Estas declaraciones reflejan el hartazgo de una parte del independentismo con las escenificaciones del entorno de Waterloo. Sin embargo, las críticas de ERC llegan tras años de complicidad en la erosión de las instituciones catalanas.
La réplica de Junts ha sido fulminante, desempolvando los trapos sucios del historial de pactos entre ERC y el Palacio de la Moncloa. Turull ha tildado a Rufián de peón al servicio de Pedro Sánchez dedicado a fracturar el movimiento separatista.
El secretario general posconvergente ha elevado el tono personal contra el portavoz republicano en Madrid. Le reprocha priorizar su afán de protagonismo mediático por encima de las necesidades reales de la sociedad catalana.
Esta escalada dialéctica muestra a dos formaciones instaladas en la pura supervivencia partidista. Ambas prefieren el ajuste de cuentas personal antes que rendir cuentas sobre las consecuencias de sus decisiones políticas.
Mientras tanto, la gobernabilidad en España continúa condicionada por las exigencias de estas dos facciones enfrentadas. El PSOE mantiene sus alianzas tácticas con ambos bandos, ignorando la inestabilidad que este permanente cruce de reproches traslada al conjunto del país.
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