Estamos asistiendo en Cataluña -sin apenas darnos cuenta- a una situación social muy compleja en la que se enfrentan dos comunidades lingüísticas que están asentadas en un mismo territorio desde la Edad Media. Los hablantes de lengua catalana que fue minorizada en las dos últimas Dictaduras del Siglo XX y ahora ostentan el poder político, y la otra comunidad de habla española también asentada en Cataluña desde la Edad Media como lo demuestran la historia y la literatura.
Las Crónicas de la Edad Media con párrafos en catalán antiguo y otros en castellano antiguo custodiadas en el Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona dan cuenta de ello. Lo mismo ocurre en los siglos XVI y XVII con la catalanísima “familia Requesens” como se narra en Linaje de los Requesens, varios de cuyos integrantes ostentan cargos públicos nombrados por el rey. Incluso Felipe II se hospedaba en su casa. ¿En qué lengua se comunicaban? No consta que Felipe II hablase catalán.
En la gran novela de Cervantes: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, en la segunda parte, capítulo 61, don Quijote se encuentra con unos bandoleros en Cataluña. Habla con ellos y con su jefe Roque Gitart, personaje real cuya existencia está bien documentada por el profesor Martín de Riquer y otros cervantistas. ¿En qué lengua hablaba don Quijote con un bandolero catalán? No consta que se conociese la lengua catalana en La Mancha, ni que don Quijote supiese hablar catalán. Y sí consta que se hablaba castellano en Cataluña. Don Quijote visita las imprentas, -artilugio novedoso entonces- y comprueba ediciones en catalán y en castellano.
De aquí se deduce que tan lenguas “propias” y “apropiadas” para todas las funciones comunicativas han sido y son la lengua catalana como la castellana. Estas dos comunidades con estas dos lenguas distintas han tenido variada importancia a lo largo de la historia. Una y otra han sido más o menos empleadas para las funciones altas de la sociedad. Algo que no es específico de España, sino que ha sido estudiado por diversos autores en distintas latitudes, desde Bolivia hasta Suiza y desde el siglo XX hasta ahora. Hoy día lingüistas y sociolingüistas trabajan sobre “lenguas en contacto” y los problemas sociales a los que dan lugar. De ahí viene la definición de “conflicto lingüístico” que proclaman en 1978 en el Congreso de Cultura catalana: Vallverdú, Aracil y Ninyoles. Hay conflicto lingüístico cuando “dos lenguas perfectamente diferenciadas conviven en un mismo territorio y una es políticamente dominante y otra políticamente dominada”.
Hoy es la Comunidad de habla española quien levanta sus quejas fundamentadas ante la otra comunidad de lengua catalana que ostenta el poder político. Y tenemos un conflicto. Un conflicto político de “poder político” que se materializa en una pretendida superioridad política de la llamada lengua “propia”, la lengua catalana, frente a la otra comunidad de hablantes de lengua española relegada a “impropia” –impropia solo en Cataluña– para las funciones altas de la sociedad entre las que se encuentra la Escuela. Y se pretende la expulsión de la lengua española de ella. Primer escalón hacia monolingüismo –catalán–, preludio de la independencia política.
La lengua catalana –lengua propia de Cataluña, aducen– no es menos propia que la lengua española. Y la denominamos así porque así se la conoce en el mundo y en las 22 naciones que la tienen como lengua oficial.
La lealtad lingüística es un término acuñado por Weinrich en su obra Lenguas en contacto (1953). “El estudio sociolingüístico del contacto de lenguas necesita un término que describa el fenómeno como un conjunto de comportamientos, un estado mental intangible que asume una posición elevada frente a otras lenguas que ha de ser defendida. Una idea fuerza que ha de llenarnos la cabeza y el corazón para defender nuestra lengua ante una sustitución lingüística.”
Es una cuestión de derechos lingüísticos, pero también es una cuestión práctica. Estas dos lenguas son entendibles entre sí. Por lo tanto, la convivencia está garantizada si en la escuela se aprende cada una de las dos lenguas de Cataluña catalán y español en las mismas condiciones de aprendizaje.
Hoy es la sociedad catalana, tanto los de lengua catalana como los de lengua española salen a la calle este 18 de septiembre para exigir al poder político los mismos derechos para los hablantes de una u otra lengua.
Tienen derecho todos a practicar esa lealtad lingüística. Es decir, tienen derecho ambas comunidades a amar su lengua, a aprenderla y desarrollarla en la Escuela de la misma forma y con las mismas técnicas de aprendizaje. Y si se inmersiona a los de lengua española como única forma de aprender catalán, se tendrá que inmersionar a los de habla catalana para aprender español.
En una democracia homologable a otras de nuestro entorno, no se puede admitir una situación conflictiva por merma de derechos de los hablantes de una u otra lengua cuando ambas son cooficiales.
Las dos lenguas han convivido en Cataluña durante siglos con alternancias de poder de una u otra. Es hora de desterrar este poder político y que sean los hablantes los que elijan lengua de las dos cooficiales para cualquier situación comunicativa.
La Administración debe y puede poner los medios para que esa comunicación sea efectiva al más alto nivel porque el lenguaje culto solo se aprende en la escuela.
Y los usuarios han de cuidar, aprender y utilizar cualquiera de sus dos lenguas con respeto y eficacia, pero sin imposición alguna: libertad lingüística. Y sobre todo utilizarlas con amor y orgullo como lenguas de España que son un patrimonio cultural digno de ser cultivado y cuidado.
Carmen Leal, Asociación por la Tolerancia
Nota: Estefanía de Requesens: esposa y madre admirable, escribió una notabilísima Instrucción dedicada a su hijo Luis, que en plena juventud se separó de ella para acompañar a Flandes al entonces príncipe Felipe, al servicio del cual entró desde muy joven. “El día 15 de septiembre de 1503, una nueva donación fue hecha por el Rey a D. Luis de Requesens, que era entonces consejero real y seguía desempeñando el cargo de lugarteniente del gobernador general de Cataluña» [El linaje de los Requesens, pág 93].
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