La propaganda manipuladora enemiga de la cultura de paz

Qué miedo me dan las gentes / cuando comienzan / a agitar banderas.

Qué pavor / cuando invocan / a dioses cualquiera.

Qué pánico / cuando a defender patrias arengan.

El compromiso con la promoción de la cultura de paz se fundamenta en la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos. Por ello, es conveniente denunciar manipulaciones interesadas que no son acordes con los hechos objetivos. La propaganda manipuladora no contribuye a la pacificación de los conflictos. Más aún, es un elemento pernicioso que busca el enfrentamiento entre las partes para conseguir objetivos particulares, no siempre acordes con la legalidad democrática.

Las democracias desarrolladas se distinguen por la transparencia y la prevalencia del Estado de Derecho, basado en constituciones o leyes fundamentales, aprobadas por la amplia mayoría de los representantes de la ciudadanía en elecciones, o por esos mismos ciudadanos directamente en  referéndum celebrados de acuerdo con esas leyes democráticas. Sólo en los Estados con democracias débiles se permiten desmanes al margen de la legalidad vigente. De consentirlo, estos Estados corren el peligro de convertirse en Estados fallidos, con el consiguiente riesgo de no poder asegurar el bienestar y la seguridad de sus ciudadanos.

La democracia española sufrió un duro ataque los días 6 y 7 de septiembre de este año (2017) cuando una parte del Parlamento de Cataluña, ignorando los cauces legales reglamentarios correspondientes, tanto  del Estado español como de la propia Autonomía catalana, aprobó unas leyes que han sido declaradas anticonstitucionales y por lo tanto, sin valor alguno.

La propaganda de los independentistas catalanes ha querido justificar esas acciones y las posteriores en la represión ejercida por el Estado español a través de sus legítimo Gobierno. Una manipulación informativa que alcanza proporciones grotescas en la difusión de videos y otros medios audiovisuales y escritos, cuya intención principal es conseguir los apoyos de opinión pública extranjera, ya que no han alcanzado apoyo alguno en gobiernos de otras naciones.

Es una obviedad, acreditada por todas las organizaciones internacionales, que España es una democracia plena y que es una de las naciones que más se distingue por su defensa y cumplimiento de los derechos humanos. Por ejemplo, España posee la leyes más avanzadas en igualdad de género, violencia de de género, interrupción del embarazo, matrimonio entre personas del mismo género, libertad de prensa, libertad de expresión o participación política. Por supuesto que todo es mejorable, pero afirmar que en España no hay democracia, denota un desconocimiento de nuestro sistema de convivencia o una intención perversa de manipular los hechos objetivos.

Los independentistas catalanes están basando toda su campaña en el victimismo y para ello recurren a artimañas como decir que en España existen presos políticos o que el Estado reprime la libertad de expresión. Toda esta campaña se ha exacerbado con motivo de la propuesta del Gobierno de aplicar el artículo 155 de la Constitución española, para recuperar la legalidad constitucional en Cataluña, vulnerada desde los mencionados días de septiembre.

Sin entrar en discusiones nacionalistas (ver La perversión del nacionalismo), España es proyecto común de convivencia y en Cataluña, hasta que se demuestre lo contrario, hay un gran porcentaje de ciudadanos que quieren seguir en ese proyecto español y europeo. Por tanto, los independentistas no tienen derecho alguno en hablar en nombre del pueblo catalán. Y los catalanes no independentistas y el resto de los españoles también tenemos derecho y deber de decidir sobre este proyecto de convivencia común (ver Todos somos el pueblo catalán).

Los independentistas no contribuyen a la convivencia y la paz en Cataluña porque han fomentado la discordia y el enfrentamiento entre los propios catalanes. Su actitud dista mucho de seguir los dictados de los movimientos por la paz que dicen defender. La violencia cultural y estructural que provocan también es violencia. Por mucho que digan que sus manifestaciones son pacíficas (aunque algunos hechos prueban que no es así) sus actitudes contrarias a las leyes demuestran lo contrario. En los Estados democráticos la paz comienza por respetar la ley.

Algunos líderes de nuevos partidos de ámbito estatal también se han sumado a la propaganda independentista y afirman con vehemencia que el Estado español es represor. Es posible que desconozcan la historia o que hagan esa afirmación motivados por otros intereses (Sus manifestaciones son una prueba más de la libertad de expresión en España). En cualquier caso es muy posible que el tiempo les haga reconsiderar esa posición o que definitivamente los ciudadanos les den en próximas elecciones la calificación que se están labrando.

Esos partidos entraron en la escena política con la bandera de la defensa de los más débiles, por lo que les convendría reflexionar si defender intereses independentistas de un nacionalismo insolidario está por encima de la defensa de los postulados de izquierda (ver Nacionalismo e izquierdismo). Las desigualdades y discriminaciones de las personas no son exclusivas de Cataluña, más aún son mucho más visibles en otros lugares de España. ¿No deberían centrar, los que dicen defender a los más débiles, todos sus esfuerzos en proponer ideas para acabar con esas deficiencias? ¿O es que piensan que los nacionalismos y las repúblicas independientes las van a resolver?

Tampoco tienen mucha credibilidad los que, o las que, en nombre del pacifismo fomentan y participan en actos declarados ilegales, como el celebrado en Cataluña el pasado uno de octubre. Los representantes institucionales, como alcaldes o alcaldesas, tienen que ser ejemplares en el respeto a la ley y la representación de todos, repito todos, los ciudadanos de sus respectivos municipios. Las palabras pronunciadas en nombre de la paz quedan anuladas por sus actos contrarios a la ley.

La paz, la convivencia pacífica es uno de los bienes más apreciados en el mundo. Los que tienen la suerte de vivir en países democráticos tienen el deber de conservar la paz por encima de cualquier otro objetivo. La paz comienza por el respeto a los valores democráticos y los derechos humanos. Los independentistas han vulnerado la democracia y el respeto a los derechos de los que  no piensan como ellos.

Nadie puede discutir los nobles sentimientos de las personas, cada cual puede sentirse de donde quiera y vivir su patriotismo como le salga de su corazón (espero que no de las vísceras) pero hay que pensar en el resto, en todos los que comparte esa aspiración de convivencia pacífica en común. En ningún caso, para defender esos principios o sentimientos se puede ni se debe recurrir a la propaganda manipuladora.

En España no se persigue por ser independentista, se piden responsabilidades y se sanciona a aquellos que  no respetan la Constitución y las leyes de ella emanadas. La historia juzgará a los que están causando tanto desasosiego y deterioro de la convivencia entre los españoles en general y los catalanes en particular.

Desde este blog, dedicado al análisis de conflictos desde la perspectiva de la cultura de paz, se insta a todos los implicados en este conflicto a buscar el acuerdo pacífico a través del diálogo dentro del marco constitucional de España.

Javier Jiménez Olmos

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