Junts per Catalunya vive un momento de tensión interna. A menos de dos años de las elecciones municipales de 2027, varios alcaldes del partido llevan meses presionando al expresident Carles Puigdemont para que se aleje del PSOE y adopte una estrategia más autónoma. El motivo es claro: temen que el avance de Aliança Catalana, la formación liderada por Sílvia Orriols, les arrebate docenas de alcaldías en todo el territorio catalán.
Entre los impulsores de esta corriente destacan figuras de peso como Josep Maria Vallès, alcalde de Sant Cugat del Vallès, y Jordi Masquef, alcalde de Figueres. Ambos encabezan un grupo de dirigentes locales que reclaman más libertad para definir estrategias propias y pactar con otras fuerzas según las necesidades de cada municipio. Consideran que el actual alineamiento con el PSOE en el ámbito estatal perjudica la imagen de Junts en los ayuntamientos, donde la competencia con la derecha separatista de Aliança Catalana es cada vez más feroz.
Los alcaldes argumentan que el electorado municipal ha cambiado. La preocupación por la seguridad, la inmigración o la vivienda ha desplazado el eje del debate puramente identitario. En ese contexto, muchos votantes que antes apoyaban a Junts se sienten ahora más identificados con el discurso directo y contundente de Aliança Catalana. Temen que, si el partido no corrige el rumbo, la sangría de votos sea considerable. No ven beneficios a nivel local en que el grupo de Junts en el Congreso negocie continuamente con el PSOE, aunque a veces vote en contra de los socialistas. La sensación que tiene buena parte del electorado separatista de que Junts es una formación «sucursalista» de Madrid beneficia a Silvia Orriols.
A nivel interno, esta corriente también reclama “manos libres” para poder pactar con quien convenga tras las elecciones municipales, incluso con Aliança Catalana. El objetivo es evitar que los bloques de izquierda sumen mayorías que puedan desalojar a Junts del poder local. Los alcaldes defienden que la política municipal debe regirse por criterios de gestión y no por alianzas ideológicas impuestas desde Waterloo.
El pulso con Puigdemont refleja una división estratégica cada vez más visible. Mientras el expresident busca mantener la interlocución con el PSOE para garantizar sus intereses desde Waterloo, los alcaldes miran al terreno electoral y advierten de un peligro real: la pérdida del control municipal en ciudades clave. El desgaste de la marca Junts podría traducirse en un retroceso histórico si no se actúa con rapidez.
A medida que se acercan los comicios de 2027, el debate interno promete intensificarse. Los alcaldes quieren poder presentarse como una alternativa sólida frente a la izquierda y frente al nuevo independentismo de Aliança Catalana. Para lograrlo, necesitan un discurso propio, más centrado en la gestión y menos condicionado por los pactos estatales.
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