Las alarmas en el Estado Mayor de la Guardia Civil han vuelto a saltar. Durante la masiva oleada de inmigración irregular que desbordó las fronteras de Ceuta, los agentes detectaron la presencia de miembros de los servicios de inteligencia de Marruecos entre la multitud, tal y cómo ha desvelado El Español. Un grave episodio de infiltración en suelo español que pone en evidencia la extrema vulnerabilidad a la que Moncloa condena día a día nuestra frontera sur.
La identificación de estos espías fue posible gracias al sistema de videovigilancia de la Benemérita. A través de las cámaras del perímetro fronterizo, los analistas comprobaron cómo los agentes marroquíes se integraban sin tapujos entre los miles de migrantes que avanzaban hacia territorio nacional. El hallazgo demuestra que los aparatos de seguridad de Rabat no solo toleran el caos en la valla, sino que lo dirigen y aprovechan en su propio beneficio geopolítico.
Desde el Instituto Armado advierten de que este modus operandi no representa un caso aislado. Es un patrón consolidado. Marruecos recurre de forma sistemática a las herramientas de la llamada guerra híbrida, utilizando la presión migratoria como pantalla de humo para introducir a sus peones en Ceuta y Melilla. Todo ello ocurre mientras el Ejecutivo central persiste en una política diplomática de apaciguamiento que no rinde ningún fruto tangible para la seguridad de España.
Para cualquier servicio de inteligencia estratégico, instrumentalizar los flujos migratorios masivos resulta el procedimiento lógico cuando enfrente hay un gobierno complaciente. La falta de contundencia y la debilidad en la respuesta de las autoridades españolas convierten a nuestros límites territoriales en un coladero. No estamos únicamente ante un problema de gestión humanitaria o fronteriza, sino ante una amenaza directa a la seguridad nacional que Moncloa prefiere ignorar para evitar fricciones con el vecino del sur.
El hallazgo de la Guardia Civil constata que la soberanía nacional no puede defenderse únicamente con paños calientes e intenciones bienintencionadas. Mientras el Gobierno se limita a mirar hacia otro lado para no incomodar a Rabat, la inteligencia marroquí opera con absoluta impunidad a las puertas de Europa. Es hora de exigir un verdadero compromiso con la protección de las fronteras y de frenar unas maniobras que comprometen de forma crítica nuestra estabilidad.
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