ERC ha reemprendido la campaña que más le gusta al MHP Pere Aragonés: la del expolio fiscal. La misma que se tiró años explicando en conferencias, en cartelitos, en medios de comunicación y en todo sitio donde quisieran escucharle. En la turra que no cesa, no paran de repetir que por culpa de los malvados españoles que no hacemos mas que robarles y malgastar el dinero en Extremadura o Palencia, los catalanes no tenemos las infraestructuras que nos merecemos. Y la exigencia al presidente en funciones, Pedro Sánchez, es clara: Que la Generalitat recaude y gestione todos los impuestos hasta la independencia de Cataluña si quiere investidura.
Suena bien, ¿verdad? Sobre todo en sus cabecitas. Sin embargo la cruda realidad es que los distintos gobiernos catalanes que han manejado la gestión de lo público en Cataluña no sólo no son un ejemplo de nada, sino todo lo contrario. No encontrarán peores gestores de la sanidad, la educación, la seguridad o las infraestructuras. En lo único que son excelentes es en la propaganda y en la colocación de amigos y afines.
Les pongo un ejemplo que quizá no conozcan. Resulta que el sindicato CSIF ha denunciado (en solitario, por supuesto, no esperen a otros sindicatos en estas luchas) que un número significativo de trabajadores que estaban en la plantilla de la Generalitat entre los años 1986 a 1992, no tienen cotizados a la Seguridad Social algunos de los periodos trabajados, en algunos casos llegando hasta un año. ¿Y por qué? Pues porque la Generalitat comunicó fuera de término las altas de esos trabajadores… y claro, eso les afecta en el cómputo de las pensiones.
La respuesta de la Generalitat es negar los hechos, “no tenemos constancia”, apelar a la prudencia, y no contestar los correos del personal afectado. El cual, cuando ha acudido a la Tesorería de la Seguridad Social para intentar enmendar ellos el problema, se ha encontrado con la respuesta tajante de que la petición está fuera de término y no procede. Y esto afecta también a personal laboral.
Bonito, ¿eh? Si esto lo hace cualquier empresario, la administración se lo cruje sin piedad. Pero como el responsable fue nuestro excelente gobierno de la Generalitat, aquel de la campaña de “La feina ben feta no té fronteres”, silencio total. Que se aguanten los afectados. Y a seguir exigiendo más dinero, más competencias y más gestión. Que hay muchas bocas que alimentar y nuevos organismos que crear.
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