La inmersión lingüística en Cataluña margina a los inmigrantes y los convierte en estudiantes “de tercera”

Foto de una escuela de Cataluña (Eduardo González Palomar)
Foto de una escuela de Cataluña (Eduardo González Palomar)
Foto de una escuela de Cataluña (Eduardo González Palomar)

“Por una escuela de todos, la escuela en catalán”. Con este lema, la asociación nacionalista Som Escola resalta desde hace varios años el carácter supuestamente inclusivo del sistema de inmersión lingüística en Cataluña. No obstante, dicha aseveración se compadece mal con la realidad de sus aulas. Al menos, así lo atestigua el informe Los inmigrantes en el sistema Educativo de Cataluña, que revela que este modelo escolar, que rechaza el castellano como lengua vehicular, resulta el menos integrador de toda España.

En primer lugar, el estudio, confeccionado por Convivencia Cívica Catalana en base al informe PISA 2015, muestra que el fracaso escolar de los inmigrantes en Cataluña, situado en un 32%, triplica al de los nativos. Una brecha en el rendimiento claramente superior a la del resto de España. Así, mientras que en la comunidad catalana los alumnos extranjeros sufren de media un retraso de 20 meses de escolarización con respecto a los autóctonos, en España ese plazo se reduce a 12.

La Generalitat suele aducir que Cataluña sale peor parada porque cuenta con menos inmigración hispanohablante. Es lo que argumentó en 2015 la por entonces consellera de Educación, Meritxell Ruíz: “En Cataluña nos han llegado en muy pocos años mucha gente de fuera, de muy diversas nacionalidades, con lenguas que no tienen nada que ver con el catalán ni el castellano”.

Sin embargo, las cifras disponibles desmienten tal afirmación. Según PISA, la mayoría de los alumnos foráneos en Cataluña son hispanoamericanos (64%), siendo el porcentaje de hablantes de otras lenguas idéntico al del conjunto de España (34%).

El documento de CCC, por otra parte, también refuta que la Escola Catalana sea garantía de cohesión, tal y como repiten con frecuencia sus defensores. Por lo que respecta al alumnado extranjero, uno de cada cuatro afirma sentirse “incómodo”, “fuera de lugar” y “aislado” del resto de estudiantes. Esta proporción dobla la de comunidades con un grado de desarrollo e inmigración similares, como es el caso de Navarra o Madrid, y convierte a Cataluña en la región española en la que los inmigrantes se sienten menos “integrados”.

Curiosamente, los hispanoamericanos son el colectivo más descontento, experimentando una exclusión mayor que los que se expresan en lenguas extranjeras. Como destaca el dossier, se trata de un “hecho insólito”, pues “los que llegan a un territorio donde su lengua es mayoritaria acostumbran a sentirse más integrados que otros inmigrantes”.

Para CCC, el fracaso de estos niños responde a una causa evidente: la inmersión lingüística. “En un sistema donde la única lengua vehicular admitida es el catalán”, exponen, “los estudiantes inmigrantes, en su gran mayoría hispanohablantes, deben sumar a la dificultad propia de las materias una dificultad añadida: aprender en una lengua diferente”. Una barrera que no encuentran en otras regiones de España y que, a juicio de la entidad, también malogra su integración escolar.

Este último extremo lo confirma a El Catalán el profesor de un colegio con fuerte presencia inmigratoria. En opinión del docente, que ha preferido mantener el anonimato, “la inmersión perjudica sobre todo a los latinoamericanos, que se sienten doblemente rechazados”. “Estos chicos, además de proceder de otro país”, explica, “tienen que usar en la escuela un idioma que no es el suyo aunque que todo el mundo entiende el castellano. Y cuando preguntan el por qué de tal absurdo, les contestan: ‘Aquí la lengua es catalán’. Comprobar que no hay una razón real aumenta su desconexión”.

Asimismo, según este maestro, los venidos de otros países pronto descubren una sutil división entre los alumnos. “Aunque no se verbaliza, ven que en los centros hay tres clases de estudiantes. Están los de primera categoría, que son los catalanes catalanoparlantes; los de segunda, que son los que catalanes que hablan en castellano; y los de tercera, que son ellos. Nadie lo dice pero ellos se sienten así. Son una sub-subcategoría”, lamenta. Bajo su punto de vista, esta discriminación no tendría lugar si se aplicase un sistema más “flexible” que respetase la lengua materna de la mayoría de los alumnos. “Es decir, lo contrario de la inmersión”, aclara.

Por Óscar Benítez

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