El Gobierno del socialista Salvador Illa está intensificando la guerra contra el castellano en Cataluña. Lo hace al mantener y potenciar el riego de subvenciones a entidades hispanófobas que se dedican a la delación lingüística.
El caso de Plataforma per la Llengua es paradigmático. Esta organización persigue el uso social del español en el espacio público, actuando como policía lingüística con el dinero de todos los contribuyentes. Más de medio millón de euros ha recibido en el último año. La razón de este apoyo es clara: el PSC cree que el catalán debe ser la lengua única y propia de Cataluña. El castellano queda relegado a la marginalidad y al ámbito estrictamente privado.
Esta ideología monolingüe se traduce en el sistema educativo a través de la inmersión lingüística. Un modelo nocivo que perjudica a miles de niños castellanoparlantes. El objetivo oculto de este sistema es que los alumnos olviden el castellano como lengua de uso social. Se les condena a utilizarlo solo en la intimidad familiar o para el ocio más superficial.
Es crucial recordar que la inmersión no es un invento del nacionalismo de Jordi Pujol. Fue impulsada por la pedagoga socialista Marta Mata, a quien el Parlament rindió hace unos meses homenaje. Un gesto que consolida la responsabilidad del PSC.
La misma política de exclusión se aplica en los medios públicos. TV3 y Catalunya Ràdio potencian perfiles que activamente defienden la persecución del español, ignorando a la mayoría bilingüe. Los socialistas venden la falsa narrativa de un «amplísimo consenso» sobre el catalán como lengua de cohesión. Una mentira y pura propaganda que intenta tapar el retroceso real del idioma.
El verdadero problema es que el fanatismo lingüístico de socialistas y separatistas ha convertido el catalán en una lengua de agresión e imposición. Esto provoca que muchos catalanes lo perciban con rechazo, no como integración. La lengua real de integración, y la que abre puertas al mundo, es el español. El catalán, por desgracia, se ha instrumentalizado como una herramienta de ingeniería social para romper lazos con España.
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