El Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) ha decidido echar el resto para garantizar la supervivencia de los presupuestos de la Generalitat. Salvador Illa parece dispuesto a cruzar líneas que antes resultaban impensables con tal de mantener el frágil equilibrio parlamentario. Esta estrategia, lejos de mostrar fortaleza, evidencia una dependencia absoluta de las exigencias de Esquerra Republicana (ERC). Cuando este domingo se celebren las elecciones andaluzas habrá pasado el gran obstáculo para que los socialistas cedan en lo que sea necesario.
ERC sabe que tiene la sartén por el mango y no piensa desaprovechar la oportunidad. Sus demandas, a menudo centradas en el avance de la agenda soberanista y el aumento del gasto público clientelar, encuentran ahora un eco dócil en las filas socialistas. Se cede en fiscalidad y en estructuras estatales mientras la presión fiscal sobre las clases medias no deja de aumentar.
Uno de los principales puntos que habría contribuido a desbloquear las conversaciones es el avance en cuestiones vinculadas a la línea orbital de Rodalies y la futura sociedad de inversiones, dos carpetas consideradas estratégicas por ERC. Además, el hecho de haber superado las discrepancias iniciales relacionadas con la recaudación del IRPF ha permitido acelerar las conversaciones entre socialistas y republicanos.
La negociación se produce en un contexto político complejo para el ejecutivo catalán. La polémica por la infiltración de agentes de los Mossos en asambleas docentes y las protestas del sector educativo han aumentado la tensión entre el Govern y sus socios parlamentarios. ERC y los comunes han llegado a reclamar el cese del mayor Josep Lluís Trapero, aunque ambas partes han desvinculado públicamente esta crisis de las negociaciones presupuestarias.
Esta actitud del PSC confirma el giro estratégico del sanchismo en Cataluña: sobrevivir es el único objetivo. No importa si para ello hay que desdibujar el perfil constitucionalista del partido o aceptar marcos mentales propios del nacionalismo. La prioridad es evitar un bloqueo que ponga en riesgo la comodidad de los sillones en el Palau de la Generalitat.
El coste de estos presupuestos será alto para el futuro de Cataluña. Al aceptar el chantaje permanente de ERC, el PSC renuncia a liderar una política económica moderna y competitiva. La legislatura avanza, pero lo hace a base de cesiones que debilitan las instituciones y fortalecen a quienes buscan la ruptura. La estabilidad que venden es, en realidad, una rendición por capítulos.
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