La independencia como negocio

En julio de 2014 el expresidente de la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol i Soley, reconoció que su familia había mantenido fuera de España y sin declarar una herencia millonaria, que las cantidades acumuladas por su mujer, Marta Ferrusola, y sus siete hijos habían permanecido ocultas durante 34 años y que solo se habían regularizado durante los últimos días. Pujol explicó que se trataba de una cantidad que su padre, el empresario Florenci Pujol, había legado directamente a su esposa y a sus siete hijos, porque consideraba incierto el futuro de una persona que, como su hijo, estaba tan implicada en la política. Pujol se mostró compungido por no haber declarado antes esas cantidades, pese a que había pasado mucho tiempo y se habían sucedido tres amnistías fiscales, ya que ello había contaminado a su esposa y a sus hijos. Pidió perdón a la gente de buena voluntad que pudiera sentirse defraudada en su confianza y anunció su compromiso de comparecer ante las autoridades.

Conviene recordar que el señor Florenci Pujol era un empresario que, junto a su hijo Jordi Pujol y su yerno Francesc Cabana, en 1959 había comprado la Banca Dorca de Olot, la que dos años más tarde acabaría siendo Banca Catalana, que ese mismo año Florenci Pujol había salido en la lista, publicada en el BOE, de las 872 personas que habían evadido impuestos, y que para traer el dinero desde Suiza para pagar dicha compra, tuvieron que utilizar testaferros. El señor Florenci Pujol murió en 1980, cinco meses antes de que su hijo llegara a la presidencia de la Generalidad. Dos años después Banca Catalana entró en crisis, tuvo que ser salvada por el Fondo de Garantías de Depósitos y, en 1984, pasó a estar gestionada por el Banco de Vizcaya. Ese mismo año Jordi Pujol fue acusado por la Fiscalía de mala gestión y de enriquecimiento a costa del banco. Pujol dijo que todo eso había sido una operación contra él, que el ejecutivo de Felipe González había hecho “una operación indigna”. Hubo manifestaciones populares de apoyo a Pujol en Cataluña y, en 1990, la Audiencia de Barcelona decretó el sobreseimiento del sumario, quedando el acusado absuelto. Así se consolidó la idea de que acusar a Jordi Pujol era atacar a Cataluña, es decir, a todos los catalanes, y que esa era la verdadera mala intención del Gobierno de España.

La explicación que el expresidente Pujol ha dado sobre el legado de su padre es difícil de aceptar, porque no hay ningún documento notarial que demuestre dicha herencia, porque su hermana María no sabía nada de dicho legado y porque solamente con lo localizado en el extranjero por la UDEF en 2019, la fortuna de la familia Pujol se eleva a 290 millones de euros, lo cual es difícil de explicar a partir de una herencia de 2,3 millones de euros. Pese a que Pujol insiste en esta explicación, la Fiscalía sospecha que podría proceder de Banca Catalana y de otras entradas.

Pocas semanas después de la autoinculpación de Jordi Pujol empezaron a aparecer noticias sobre la implicación de su esposa y de todos sus hijos en los negocios familiares. Se supo que ya en 1990 la familia Pujol había abierto una cuenta en Andorra a la que empezaron a llegar capitales de origen desconocido. El hijo más activo fue el mayor, Jordi Pujol “Junior” (1958) que está imputado por cobro de comisiones a empresas, el famoso 3%, a cambio de su mediación en la adjudicación de contratos públicos, por blanqueo de capitales y por fraude fiscal. Actuó en trece países, especialmente en México y Argentina. También están implicados su exmujer, y los padres y el hermano de ella. La causa contra él se inició a partir de una denuncia de su exnovia, que declaró que le había acompañado en sus viajes a Andorra a depositar bolsas llenas de billetes.

Oriol Pujol (1966) fue acusado de exigir dinero a un empresario a cambio de obtener concesiones de ITV y en enero de 2019 fue condenado a dos años y medio en una prisión de Cataluña. Dos meses después, como muchos temían, obtuvo el tercer grado. Tiene más casos pendientes y su esposa está imputada en favorecer la deslocalización de empresas a cambio de que la suya recibiera contratos ficticios. Oleguer Pujol (1972) está imputado por blanqueo de dinero a través de operaciones inmobiliarias, en algunos casos mediante capitales procedentes de paraísos fiscales. Los otros cuatro hijos de Pujol, Marta (1959), Josep (1963), Pere (1965) y Mireia (1969) están acusados de haber tenido dinero en paraísos fiscales, en aumentos excesivos de sus capitales, que algunos han atribuido a los ingresos que les hacía su hermano mayor, y varios de ellos de haber sido favorecidos en la recepción de contratos y/o adjudicaciones por parte de diferentes Consejerías de la Generalidad.

Que los siete hijos del matrimonio Pujol – Ferrusola hayan acabado implicados en estas irregularidades demuestra que, cuando quienes te plantean cometer un delito son tu padre y tu madre, las dos personas que te han criado, cuidado y preocupado por tus estudios y tu futuro, es muy difícil no hacerlo. ¿Cómo decirles que no? ¿Cómo no corresponsabilizarse de la parte que te toca hacer? Negarse a ello comportaría recriminar lo que hace el resto de la familia, es decir comportaría, en la práctica, quedarse sin padres y sin hermanos.

A partir de 2014 toda la prensa empezó a referirse a la familia Pujol – Ferrusola como el “Clan Pujol”. Es el término exacto, porque un “clan” es un grupo de personas unidas por lazos de parentesco y ascendencia, que colaboran en una actividad conjunta. Para entender cómo funciona un clan con una actividad delictiva, nada mejor que ver la película argentina “El Clan” de 2015. Trata del Clan Puccio, una familia que vivía en el norte del gran Buenos Aires, que tenía aspiraciones de ascender socialmente y que estaba dedicada a la extorsión de empresarios. Sus actividades fueron destapadas en los años 80, ante la sorpresa de todos los que los conocían. En la película se ve cómo la actividad delictiva del patriarca, secundado por su esposa, va calando en todos los hijos desde pequeños, que luego éstos se hacen colaboradores necesarios, cómo solo algunos logran salvarse huyendo al extranjero y cómo toda esa actividad afectó sus vidas.

Cuando en 1980 Jordi Pujol llegó a la presidencia de la Generalidad dispuso del instrumento perfecto para conseguir dinero para su partido, Convergencia Democrática de Cataluña (CDC). Simplemente se trataba de favorecer la adjudicación de obras públicas, autorizaciones, permisos, contratos, etc. a aquellas empresas, entidades o particulares que estuvieran dispuestas a pagar ocultamente una cantidad a CDC, se habla de un 3% pero pudo ser mucho más. Si alguna se resistía, pero era imprescindible que lo hiciera, se podía recurrir a las inspecciones frecuentes y a la dilatación de la concesión de los permisos que necesitara. Entre los implicados en la desviación de dinero hacia CDC se puede citar a Artur Suqué, Javier de la Rosa, Lluís Prenafeta, Macià Alavedra, los Sumarroca y varios de los hijos de Pujol, entre otros. Esto último, tal vez explica por qué parte de lo que se recaudaba no iba a CDC, sino a la familia Pujol – Ferrusola.

Toda esta labor requería la colaboración de los funcionarios, por lo que se pudo empezar por ofrecer ascensos o, si era necesario, por ejercer ciertas presiones, siempre de forma suave, pero constante. Para evitar las protestas legales y los contenciosos, se modificaron las leyes existentes, se hicieron nuevas resoluciones y normativas, y se disminuyeron las oposiciones a funcionario, optándose por aumentar al máximo el número de empleados públicos interinos con renovación anual. Las protestas, que pese a todo esto se produjeron, acabaron en nada porque los sucesivos gobiernos de España, los del PSOE y los del PP, miraron para otro lado, ya que dependían de los votos de CiU para mantenerse en el gobierno. Al ver lo que pasaba, los empresarios, los autónomos, los funcionarios y todos los demás se acobardaron. Nadie se atrevía a denunciar lo que pasaba en público y, muchas veces, ni en privado.

Pese al gran poder que da presidir la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol seguía teniendo que rendir cuentas ante la Hacienda española y seguía dependiendo de la acción de la Justicia española. Como solo una Cataluña independiente podía permitirle consolidar el modelo de Cataluña que quería conseguir, ya en los años ochenta inició un proceso de mayor catalanización de todos los sectores de la sociedad. Las características de este proceso se especifican en el llamado Programa 2000 que se publicó en 1990 en “El Periódico”. En el artículo “Separatismo y manipulación social” se detalla la metodología seguida.

La primera medida que tomó Jordi Pujol fue imponer el uso exclusivo del catalán en la enseñanza, en la administración, en los medios de comunicación, públicos y subvencionados, y en animar a hacer lo mismo a todas las empresas de Cataluña. Una prueba de ello fue la ley de Normalización Lingüística de 1983. Con esto Pujol abandonó su anterior definición de ciudadano catalán como “aquella persona que vive y trabaja en Cataluña”, y sustituyó su idea de que “lo más importante en Cataluña es la convivencia”, por la idea de que en materia de identidad, todos los catalanes han de tener la misma identidad.

Han pasado más de treinta años desde aquella decisión, por lo que todos los catalanes nacidos en los años setenta o posteriores ya han sido educados según el Programa 2000 y, durante estos años, todos en Cataluña hemos vivido en la sociedad diseñada por Pujol e inmersos en el ambiente mediático de la prensa, la radio y la televisión que Pujol quería. Salvo que por vivir en un ambiente familiar muy contrario al separatismo o porque el Programa 2000 ya les cogió muy mayores, muchos catalanes son, sin saberlo, los hijos ideológicos de Pujol. Pueden pensar que no es así, que a ellos no los manipula nadie, que piensan lo que piensan porque así lo han decidido, pero, siendo rigurosos, no pueden estar totalmente seguros de ello. Como no lo pueden estar los siete hijos biológicos de Pujol, porque para ellos es muy difícil poderse dar cuenta de que su pasado podría haber sido éticamente mucho más presentable.

¿Y qué puede hacer cualquier ciudadano para saber si ha sido o no manipulado? Pues observar los resultados del proceso ideológico seguido, es decir, ver si las relaciones entre los familiares y entre los amigos son mejores o peores que en otros lugares, si en los centros educativos hay más o menos problemas que en otros sitios, si su sociedad vive en paz o está crispada, si económicamente se ha ido a mejor o a peor, si el futuro se ve seguro o muy incierto, etc. Si se ve que hemos empeorado, lo mejor es alejarse de los mensajes partidarios de seguir ese proceso, de relativizar su histeria, de volverse más tolerante, de permitir que cada uno piense como quiera y hable en la lengua que quiera, de redescubrir a los familiares y amigos con los que ha habido distanciamiento por estos motivos, de organizar con ellos actividades comunes que nada tengan que ver con el activismo político, en una palabra de recuperar la convivencia.

Antonio Jimeno. Profesor


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