La importancia de llamarse Serés

 

Antes que nada pedir disculpas, sin abrir ningún agravio, sólo utilizó de soporte a Wilde y el articulo de El País de Francesc Serés. Últimamente hay que pedir disculpas por adelantado, entre tanta saliva gritona, acusaciones de “facha”o presuntos progresistas con creencias medievales…  ¿Para qué ha servido el ‘procés’? No para mucho. Constatar lo que ya había. Un poquito triste todo: grandes empresas que miran sus dividendos, nada más; otras pequeñas y comarcales que siguen viviendo del “pessebre”. Amenazas a sindicalistas y funcionarios, por cumplir las leyes y no ser sicarios uniformados. Paranoia por la “Llengua i la nostra cultura”, terror en el hipermercado, horror en el ultramarinos…

¿Para qué ha servido el ‘procés’? Pues para nada sólido, para hacernos pulsos frustrantes, para mostrarnos las vergüenzas (y a unos cuantos corruptos,  inmaculados en otros tiempos), para que el azote de las banderas pueda pagar atractivos sueldos, a lo largo y ancho de la península. Para cabrearnos entre nosotros, los de siempre, los que nos creemos las ideas y los sentimientos.

Recordemos que mientras el Estado es una forma jurídica, y te cobra impuestos, la nación y la patria son solo sentimientos románticos. Eso sí, de grandes réditos económicos para algunos y pésimo ambiente personal para otros: recientemente un buen amigo (al menos yo siempre lo consideré así) cooperante me acusó de que “els espanyols assassinen  amb cal viva als demòcrates”; en otro foro, en una asamblea municipalista, algunos hacían correr una imitación de mi  humilde persona, con tonos ‘Just’ Molinero, subrayando los errores de pronunciación de los que no hemos tenido el catalán como lengua materna…

¿Para qué ha servido el ‘procés’? Para ser más insignificantes a nivel internacional. Al Imperio Británico del siglo XIX le encantaban los pequeños países y los potenciaban; costumbre, que también adquirió EE.UU, patrocinando secesiones en América Central y del Sur, doctrina Monroe, of course. Ahora nuestro mundo post-contemporáneo está dominado por grandes corporaciones, bloques industriales macronacionales y Estados- gestores de materias primas, todos superarmados. Ya se pueden imaginar de qué países hablamos. Tienen en común dos cosas, odian el Estado de Bienestar y el sufragio universal. Y adoran a los pequeños países.

Ahí está el zarzuelero independentismo catalán, agachando el morro, con una sonrisa. ¿No fue la revolución de las sonrisas?

Sólo nos queda la melancolía, las hojas de hierba perdidas.  

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