Junts per Catalunya ya tiene su espada para la compleja plaza de Barcelona. Jordi Martí Galbis se ha coronado ganador de las primarias internas este domingo con un solvente cuarenta por ciento de los votos de la militancia. De este modo, el actual jefe del grupo municipal se asegura el billete para las elecciones locales de mayo de dos mil veintisiete.
El resultado supone un innegable espaldarazo a la corriente más pragmática de la formación neoconvergente. Martí Galbis, fiel escudero del exalcalde Xavier Trias, encarna la resistencia del partido frente a los experimentos más radicales impuestos por la cúpula del partido en Waterloo. Los afiliados han preferido la gestión de proximidad y el orden que mantener el perfil de permanente agitación.
La derrota más amarga de la jornada la ha sufrido Pilar Calvo, que se ha tenido que conformar con la segunda posición con un veintinueve por ciento de los apoyos. Su candidatura representaba el intento del oficialismo radical por dominar la capital catalana. A pesar del desembarco de pesos pesados de la dirección a su favor, las bases locales le han dado la espalda a la vía más dura.
El descalabro de los perfiles afines a la línea de confrontación se completa con las bajas cifras obtenidas por el resto de competidores. El abogado Jaume Alonso-Cuevillas apenas ha rozado el dieciocho por ciento de los votos, mientras que la diputada autonómica Glòria Freixa ha quedado relegada a la última posición con un discreto once por ciento. Alonso-Cuevillas y Calvo eran las opciones más cercanas a Carles Puigdemont.
El escrutinio definitivo arrojó cifras de participación notables en una cita telemática que ha movilizado a dos tercios de la militancia barcelonesa con derecho a voto. El recuento final certificó doscientos cincuenta y tres votos a favor del ganador de la contienda. Unas cifras modestas en lo absoluto, pero determinantes en la guerra de familias interna de esta formación política.
Con esta elección se cierra la larga interinidad abierta tras la retirada del propio Xavier Trias de la primera línea municipal. La falta de un relevo consensuado en su día propició esta descarnada batalla de avales y precampañas durante las últimas semanas de primavera. El triunfo del continuismo evita, por ahora, una ruptura traumática del modelo de oposición moderada.
El escenario político que le espera al nuevo candidato no es en absoluto sencillo. Barcelona sigue atrapada en la parálisis de un Ayuntamiento gobernado por el socialista Jaume Collboni en una manifiesta y frágil minoría. Las políticas continuistas de la izquierda, heredadas directamente de la etapa de Ada Colau, mantienen a la urbe sumida en problemas de seguridad y civismo.
Junts aspira a capitalizar el evidente descontento de las clases medias urbanas ante la inacción del PSC y de las formaciones de izquierda radical. Martí Galbis ha hecho bandera, precisamente, de la firmeza contra la delincuencia y la mejora de los servicios públicos tradicionales. Su reto será ensanchar ese espacio político sin los complejos ideológicos habituales del secesionismo.
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