A los prebostes de la izquierda en España les encanta decir que las mujeres durante el franquismo no podían abrir cuentas bancarias en España, y si lo hacían era con el consentimiento del padre para las solteras y del marido para las casadas. La izquierda que alardea de «memoría histórica» tiene poca memoria y de historia sabe más bien poco, plagando su relato discursivo de inexactitudes y de medias verdades que recurrentemente falsean la realidad, y en el tema que nos atañe, confunden frecuentemente las limitaciones de derechos inherentes a la mujer que imponía el régimen franquista, con otras análogas de otros países en los que imperaban sistemas parlamentarios democráticos.
Para empezar lo que la izquierda no sabe o no quiere saber, es que en su anhelada Segunda República las mujeres no podían tener cuentas bancarias a su nombre, con o sin la autorización de su padre o marido, y tuvo que llegar el año 1965 para que se permitiese en España que las mujeres mayores de edad pudieran abrieran cuentas a su nombre en entidades bancarias, con el consentimiento de su padre o marido, que lo otorgaba por medio de una simple firma de autorización.
Sin embargo esta anomalía discriminatoria quedó subsanada en la última etapa del franquismo, cuando cuatro mujeres de la Asociación Española de Mujeres Juristas, en 1971 formaron la Comisión General de Codificación del Ministerio de Justicia que se encargó de revisar el Código Civil, consiguiendo que se aprobara la Ley 14/1975 de 2 de mayo, que eliminaba todos los recortes de la capacidad jurídica de las mujeres que hasta entonces figuraban en el Código Civil y en el Código de Comercio, suprimiendo la anulación de la licencia marital para la apertura y gestión de caudales depositados en cuentas de crédito o de ahorro. Evidentemente los zurdos manipuladores de la historia se olvidan u omiten la Ley franquista de 1975, que suprimió definitivamente la discriminación financiera de las mujeres en España.
En un un análisis comparativo con otros países de nuestro entorno en aquella época, que además estaban regidos por sistemas políticos democráticos, es importante destacar que las mujeres solo pudieron abrir cuentas bancarias en el Reino Unido a partir del año 1950, en Estados Unidos a partir de 1960, en Canadá en 1964 y en Francia en 1965 sin la autorización de su cónyuge. Más madrugadora fue la Italia fascista que ya en el año 1942 permitió que las italianas pudieran contratar cuentas bancarias con la autorización del padre o marido, y no fue hasta 1975 cuando como en la España franquista se eliminó la autorización masculina definitivamente.
Por lo que respecta a Alemania, la primera mujer alemana que abrió de forma anecdótica una cuenta lo hizo en el año 1958, pero no fue hasta el año 1962 cuando las alemanas operaron bancariamente con normalidad. Por lo que respecta a Rusia y los países socialistas del Telón de acero, no tenían este problema porque no existían los bancos, y allí sí que estaban equiparados los hombres a las mujeres, porque ni unos ni otros podían abrir ninguna cuenta.
Un largo camino se ha tenido que recorrer para la consecución de una gestión tan simple, como que las mujeres consigan estar en igualdad de condiciones a la hora de poder hacer algo tan simple como es acceder a los servicios bancarios. Preocupante ha sido que todos los dirigentes mundiales hayan considerado a las mujeres incapaces de gestionar sus propios caudales o los de sus familias, cuando se ha demostrado genéricamente a lo largo de la historia, que las mujeres son más eficaces que los hombres en la administración de la economía familiar.
De hecho en la actualidad las ONGs y las entidades bancarias que conceden microcréditos en países del Tercer Mundo, solo se los dan a las madres casadas, porque saben que si les dan el dinero a los maridos, por las razones que todos sabemos, ese dinero no será dedicado a la familia y probablemente nunca será devuelto. Pero lo que es más grave es que los políticos y los ideólogos de la izquierda, den por hecho que todos somos incapaces de conocer la historia y la verdad de las cosas. La historia es una ciencia exacta porque se fundamenta en hechos reales que han sucedido en el pasado, y por ello a la izquierda se le desmontan sus relatos falsarios y seudo históricos, simplemente con el peso de la verdad.
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