Hay dirigentes de Esquerra Republicana, como Joan Tardà, que piensan que su partido es «socialdemócrata». Cuando sus juventudes, bien acompañadas por los líderes de la formación, organizan con cierta frecuencia marchas nocturnas con antorchas no hacen más que seguir la tendencia “socialdemócrata” a organizar este tipo de espectáculos que, al ser “socialdemócratas”, en absoluto tienen reminiscencias fascistas.
Los partidos “socialdemócratas” que sirven de ejemplo a ERC también han tenido en su historia reciente a líderes racistas como Heribert Barrera, que fue presidente de ERC entre 1991 y 1995 y que defendía que “en América, los negros tienen un coeficiente inferior al de los blancos” y que “se debería esterilizar a los débiles mentales de origen genético”.
Y cuando Pere Aragonès y otros dirigentes de ERC llevan años diciendo que “España nos roba”, siguen la máxima “socialdemócrata” de solidaridad entre territorios y de apoyo mutuo. Por supuesto, los partidos “socialdemócratas” de los que forma parte Esquerra, cuando gobiernan, gestionan televisiones públicas como TV3. Medios que cuentan con colaboradores, pagados con dinero público, que en antena o en sus redes sociales dicen “puta España”, “puta Suecia”, “puta Dinamarca” o “puta Alemania” e insultan a los líderes de la oposición y a sus partidarios llamándoles “hijos de puta”.
Otra característica que certifica que Esquerra es un partido “socialdemócrata” es como maneja el parlamento catalán cuando ha detentado la presidencia de la cámara. Ya se sabe que, en Dinamarca, Finlandia o Suecia, países gobernados por formaciones de este corte ideológico, se dan situaciones como las que se vivieron en el Parlament en los llamados “plenos de la vergüenza” celebrados el 6 y el 7 de septiembre de 2017, en los que se pisotearon los derechos políticos de los partidos de la oposición violando la normativa vigente y el propio reglamento de la cámara.
La presidenta entonces era la muy “socialdemócrata” Carme Forcadell, que luce orgullosa su carnet de ERC tras asegurar en 2014 que los seguidores y dirigentes de Ciudadanos y Partido Popular no formaban parte del “pueblo catalán”. Una postura inclusiva muy “socialdemócrata”.
El problema es que aún queda mucho ingenuo en el resto de España que compra la idea que Esquerra Republicana es un partido de izquierdas, y que puede ser un compañero de viaje de cierto progresismo rupturista. Y hasta que no se den cuenta que ERC es una formación supremacista que desprecia a todos aquellos catalanes no separatistas que se niegan a caer en el tribalismo, seguirán alimentando a una formación cuyo mayor peligro es que es profundamente antidemócrata y totalitaria.
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