Jordi Pujol, primero, y sus herederos repartidos por casi todo el arco parlamentario catalán, después, se han dedicado a lo que ellos llaman “construcción nacional”. Llevan cerca de cuarenta años saqueando las arcas públicas para consolidar un proyecto excluyente, que aparta a la mayoría de los catalanes.
Han creado una Cataluña oficial que poco tiene que ver con la real, y para ello han desarrollado un potente aparato de propaganda. Sonroja comprobar en qué se han convertido los medios de comunicación de la Generalitat y algunos medios privados antaño defensores del constitucionalismo.
TV3 es un auténtico pozo de propaganda independentista, y merecería ser cerrada, porque no respeta a los millones de catalanes no separatistas que la sufragamos con nuestros impuestos. Pero esa Cataluña oficial alejada de lo real piensa que es ‘su’ TV3, y que el «puta España» que resuena en su pantalla es la demostración de su «compromiso» con el «país». Así estamos.
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