
Sergio Fidalgo (SF): Comencemos con el relevo en la presidencia de S’ha acabat!. Hugo Escarpa ha asumido el cargo recientemente. ¿Qué valoración haces de este cambio?
Júlia Calvet (JC): Me parece una noticia estupenda. Andrea [Llopart] ha realizado un trabajo encomiable durante estos dos años y le deseo lo mejor en su etapa profesional y personal; somos amigas y me siento muy orgullosa de su labor. Respecto a Hugo, es un joven que lleva mucho tiempo al pie del cañón. Hace unos años decidió dejar Madrid por Cataluña en un momento especialmente complejo, y las sensaciones con su nombramiento son inmejorables. Estoy convencida de que hará un gran mandato y seguirá dando la batalla en las universidades y en todos los ámbitos juveniles de Cataluña.
SF: Hace poco estabas en la «trinchera» universitaria y ahora ocupas un escaño en el Parlament. ¿Qué se puede hacer desde las instituciones para que la lucha constitucionalista en las facultades se consolide y termine el bloqueo que el separatismo impone en los campus?
JC: Desde VOX ya hemos presentado diversas propuestas de resolución, especialmente en la Comisión de Universidades, denunciando el sectarismo que sufren tanto alumnos como profesores. Nuestro objetivo es que se garantice, de una vez por todas, la neutralidad ideológica en los centros docentes.
También hemos propuesto que se retiren las subvenciones y se impida el registro de asociaciones cuya actividad principal es el vandalismo y el acoso a quienes piensan distinto, imponiendo un pensamiento único. Me refiero a plataformas como el SEPC. Es la labor que nos corresponde con nuestra fuerza parlamentaria actual; si en el futuro es mayor, redoblaremos los esfuerzos. Lo he vivido personalmente: hace apenas dos meses, en la Universidad de Barcelona, sufrimos el acoso de una turba de radicales encapuchados durante un acto con el profesor Marcelo Gullo. Gracias a la intervención de los Mossos d’Esquadra no fue a más, pero la falta de seguridad para quienes solo querían asistir a una charla fue alarmante.
SF: El Gobierno de Sánchez y Salvador Illa hablan constantemente de facilitar el acceso a la vivienda para los jóvenes. Como portavoz nacional de Juventud de VOX, ¿crees que las medidas actuales van por el camino correcto?
JC: En absoluto. De hecho, el exceso de regulación está provocando el efecto contrario: en lugar de incentivar la oferta, la están contrayendo. Desde VOX denunciamos la carga fiscal que supone el ITP y el IVA para la compra de la primera vivienda habitual. Un joven que empieza a trabajar, con un salario que apenas le permite llegar a fin de mes, no puede afrontar un 10% adicional solo en impuestos.
Para una vivienda de 300.000 €, pagar 30.000 € en tributos es una barrera infranqueable. Nosotros proponemos una bonificación del 100% de estos impuestos. Algunos critican que esto beneficiaría a los «fondos buitre», pero se equivocan: para un fondo, esa cifra es una propina, pero para una familia española es la diferencia entre poder comprar una casa o no. El Gobierno no tiene los pies en el suelo.
SF: Con la precariedad laboral, el paro y la extensión del salario mínimo como norma… ¿Puede un joven aspirar a un sueldo digno bajo la gestión actual?
JC: Es prácticamente imposible. Antes, trabajar te garantizaba llegar a fin de mes. Hoy, a pesar de estudiar, formarse y trabajar, el coste de la vida se ha disparado tanto que muchos jóvenes no pueden independizarse. Esto genera un problema gravísimo: la fuga de talento. Estamos exportando profesionales formados en España porque aquí no pueden formar una familia ni proyectar un futuro. No se van por elección, se van por necesidad. Por ello, insistimos en medidas como la reforma fiscal que plantea nuestro partido para aliviar esta situación.
SF: El separatismo está intentando captar al público joven mediante plataformas de influencers como EVA y la presión lingüística en las aulas. ¿Lograrán que el catalán sea la única lengua de los jóvenes?
JC: Creo que les está saliendo el tiro por la culata. Cada vez más jóvenes rechazan el catalán porque lo perciben como una herramienta de imposición separatista. Se ha convertido en «la lengua que me obliga a hablar el profesor». Yo hablo catalán porque es la lengua de mi familia y siempre me he sentido libre de hacerlo, pero el problema surge cuando se usa como un arma.
Los jóvenes valoran su libertad y se oponen a las imposiciones institucionales del Govern o de partidos como ERC y Junts. Ayer mismo, en una comisión con el Sindicat de Llogateres sobre vivienda, los representantes de Esquerra acabaron vinculando —de forma incomprensible— la crisis habitacional con la lengua. Fue tan absurdo que el propio sindicato tuvo que recordarles que ellos estaban allí para hablar de vivienda. Es una obsesión que demuestra que su prioridad no es el bienestar de los ciudadanos, sino su agenda ideológica y su rechazo a todo lo español.
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