Es una traición constante. Desde el 15 de junio de 1977 la papeleta del PSC ronda por el sobre que uno deposita en la urna. Cierto que en la última década el voto va por correo desde París y ya no se disfruta de ver, oler y tocar el metacrilato, pero nunca se dejó de confiar en el PSC. Se acabó. Como despechado iniciaré una campaña, en el ámbito personal, para que mi decisión arrastre a cuantos más, mejor.
Tragué con el tripartito de 2003 a 2010. Perdoné a los que escupieron a Obiols a las puertas del Parlamento de Cataluña. Olvidé el puñetazo en la cara que supuso que Navarro dijera (e hiciera) que el PSC se abstendría en todo lo referente al ‘procés’. Hice tripas corazón cuando el PSC argumentó, defendió y peleó la inmersión lingüística (una aberración pedagógica) en contra de la mayoría de sus votantes y simpatizantes. Y seguí.
Creí que el socialismo era incompatible con el nacionalismo, como decían, cínicamente. En realidad, odian el nacionalismo español pero abrazan y aplauden el nacionalismo catalán, ahora ya independentismo racista y xenófobo sin careta. ¡Cómo siempre ha sido! Miré a otro lado cuando el PSC votaba (y sigue votando) a favor de un referéndum de secesión, enmascarado en cualquier fórmula de trilero profesional (“acordado y legal”). Y seguí.
Callé cuando desde una formación que se dice de izquierdas se defendía (¡y se sigue defendiendo!) la ordinalidad fiscal para el reparto del dinero que sale de la caja común. ¡Un partido de izquierdas reivindicando que los que más pagan más reciban! Me ilusioné con Maragall, que nos menospreció aliándose con ERC. Con la nariz tapada apoyé a Montilla, que no defraudó y es ya el peor presidente de la Generalitat de la historia. Sí, peor que Torra. Y seguí.
Si Cataluña es una nación, como dice el PSC (2006), España no lo puede ser. Y ahí nos dejamos engatusar por “el bien de la convivencia”, que como se ha demostrado no ha hecho más que mejorar desde que los socialistas decidieron que “antes rota que azul y verde”. Nadal ya ven dónde está. Por no hablar de los Castells, Geli y Maragall (“el Tete”), que se rieron y siguen haciéndolo de González y Guerra. Aquellos no habían empatado con nadie. Y seguí.
Y llegó Illa y volvió a engañar. Ganó las elecciones y se dedica a sostener al independentismo (presupuestos). Iceta movió los hilos y Sánchez convirtió el PSOE en un PSC bis. Degradación institucional, humillación al oponente político, fractura social, tensión política permanente, populismo en vena, el fin justifica los medios y, como siempre, ganancia nacionalista. Punto y final. Hay alternativas de cocina lenta, cierto, pero de valores e ideas honrosas. Jamás volveré a votar al PSC.
NOTA DE LA REDACCIÓN: elCatalán.es necesita su apoyo, en este contexto de grave crisis económica, para seguir con nuestra labor de defensa del constitucionalismo catalán y de la unidad de nuestro país frente al separatismo. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















