La reunión anual del Cercle d’Economia ha arrancado en Barcelona bajo un clima de indisimulada tensión. La actualidad política nacional, marcada por los frentes judiciales que cercan al entorno de Moncloa y que ya salpican de lleno al PSC, ha condicionado la primera jornada. Ante un auditorio netamente empresarial, el president de la Generalitat, Salvador Illa, ha intentado levantar un muro de contención para proteger las siglas de su partido.
En lugar de abordar con autocrítica la delicada situación institucional, Illa ha optado por el habitual manual de resistencia socialista. El mandatario catalán ha sacado pecho de los supuestos avances económicos logrados bajo los gobiernos del PSOE y del PSC. Su discurso ha buscado vincular la estabilidad de los mercados a la permanencia de la izquierda en el poder, un argumento recurrente en el relato gubernamental.
Para justificar la presión que sufren sus siglas, el president ha recurrido a una narrativa de tintes victimistas. Illa ha enmarcado la ofensiva judicial y mediática dentro de una supuesta campaña desestabilizadora liderada por el populismo europeo. Según su tesis, es precisamente el éxito de la agenda socialista lo que despierta una reacción tan feroz en determinados sectores.
La contundencia de sus palabras ha evidenciado la preocupación real que existe en las filas del PSC ante las últimas informaciones. El president ha garantizado a los empresarios que nada ni nadie desviará a su ejecutivo de las prioridades marcadas. Ha prometido rigor, responsabilidad y una gestión guiada por la verdad, en un claro intento de calmar el ánimo de los inversores.
Por su parte, los organizadores del foro económico han preferido evitar el cuerpo a cuerpo en el debate político formal. La presidenta del Cercle d’Economia, Teresa Garcia-Milà, ha optado por la prudencia durante el turno de preguntas posterior a la conferencia. Ninguna de las cuestiones planteadas desde la dirección de la entidad ha tocado el barrizal de los tribunales que afecta a Moncloa.
La patronal catalana ha reconducido el encuentro hacia el análisis de la gestión diaria de la Generalitat. El diálogo con el president se ha centrado en hacer un repaso amable y sin excesivas aristas sobre los primeros meses de su mandato. Se ha pasado de puntillas por los temas más controvertidos, facilitando un cómodo tránsito al jefe del Ejecutivo autonómico.
La cita de este año en el Cercle promete curvas en las próximas jornadas para el bloque de la izquierda. Este martes será el turno del líder de la oposición nacional, Alberto Núñez Feijóo, quien previsiblemente utilizará el altavoz de Barcelona para golpear la línea de flotación del Gobierno. La Moncloa vigila de cerca los mensajes que puedan salir de este foro eminentemente económico.
El broche de las jornadas lo pondrá el próximo miércoles el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El jefe del Ejecutivo central llegará a Barcelona acosado por el cerco judicial a su entorno y necesitado de complicidades en el sector privado. La inauguración de Illa ha sido solo el primer asalto de un foro económico transformado, a su pesar, en un termómetro de la crisis socialista.
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