Junts per Catalunya ha pisado el acelerador de cara a las próximas elecciones municipales de 2027. La formación nacionalista ha puesto en marcha los engranajes internos para designar a su cartel electoral en Barcelona. Este movimiento confirma que el relevo del exalcalde Xavier Trias no será una transición pacífica ni unánime, sino una batalla por el alma y el rumbo del partido en la capital catalana.
La cúpula de la formación acordó este lunes el diseño de la Comisión Municipal Territorial, el organismo encargado de capitanear y fiscalizar la limpieza de las primarias. La composición de este órgano revela el peso del aparato de la formación. Joan Ramon Casals asume la presidencia acompañado por dirigentes clave como Judith Toronjo y Joan Rodríguez. local
El cronograma establecido por los posconvergentes es inusualmente veloz. El plazo para registrar las candidaturas se inició este lunes a las nueve de la noche y concluirá en apenas tres días, el próximo 4 de junio. Tras la proclamación de los aspirantes oficiales, se abrirá la fase de captación de avales entre la militancia, que se extenderá hasta el 11 de junio.
La celeridad del proceso demuestra las prisas por cerrar heridas internas. Diversas corrientes ideológicas ya se posicionan para tomar el mando en la principal plaza de Cataluña. No estamos ante un mero trámite administrativo, sino ante un pulso real entre la facción más moderada, heredera de la vieja Convergència, y los sectores radicalizados alineados con las directrices más extremas.
El sector pragmático fía sus opciones a la candidatura de Jordi Martí Galbis, actual líder del grupo municipal. Martí cuenta con el aval explícito y la herencia política de Xavier Trias, lo que le otorga un sólido punto de partida en el entorno barcelonés. Su discurso busca recuperar el voto de orden frente a los desmanes de los gobiernos de izquierda que han gobernado la ciudad.
En el extremo opuesto se sitúa Pilar Calvo, diputada en el Congreso y firme aliada del sector más duro. Calvo personifica la estrategia de la confrontación permanente tutelada desde el entorno de Carles Puigdemont en Waterloo. La entrada de esta candidatura en las quinielas es vista como un intento directo del expresidente de someter la delegación barcelonesa a sus intereses personales.
La tercera vía la encarna la diputada autonómica Glòria Freixa. Su postulación cuenta con importantes simpatías dentro del grupo parlamentario en el Parque de la Ciutadella y aspira a romper la polarización de los dos favoritos oficiales. Paralelamente, el abogado Jaume Alonso-Cuevillas medita si sumarse al combate, una decisión que fragmentaría todavía más el voto del ala más radical.
Para Junts, la alcaldía de Barcelona posee un valor estratégico vital para mantener su relevancia frente al avance de otras opciones, como Aliança Catalana o ERC. La herencia de Trias, que logró ganar las pasadas elecciones antes de que los pactos de despacho le arrebataran la alcaldía, se diluye entre ambiciones cruzadas. Las bases decidirán si apuestan por la gestión urbana que demanda una Barcelona sumida en problemas de seguridad y vivienda o por usar la ciudad como ariete institucional.
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