Ya que Salvador Illa se reúne hoy con Xavier Espot, jefe del gobierno andorrano, le puede pedir que no persiga a la lengua española en su país, tal y cómo pretende hacer el Ejecutivo del principado, multando con hasta 10.000 euros a los comercios cuyos dependientes atiendan a los clientes en español.
El problema es que Salvador Illa no es el campeón de la tolerancia lingüística en Cataluña, dado que el Gobierno andorrano se ha limitado a copiar las leyes de persecución del español de la Generalitat catalana, así que seguro que ambos hablarán de cómo pueden endurecer su postura frente a la gente que se empeña en hablar en español.
Andorra ha pasado de ser un país amigable para los turistas a apuntarse al supremacismo lingüístico que ha tomado fuerza en Cataluña durante el ‘procés’. Ahora los dependientes que se atrevan a hablar en español con los clientes provocarán que el Gobierno andorrano multen a sus comercios. Pura persecución lingüística.
En ambos casos, el catalán y el andorrano, la entidad líder en el chivateo lingüístico, Plataforma per la Llengua, está presente. Andorra ha caído en las prácticas totalitarias de esta entidad que se dedicó en Cataluña a espiar en qué lengua hablaban los niños en los patios – sin pedir permiso ni a padres, ni a profesores -.
Se puede potenciar el catalán sin perseguir a la lengua española. Pero Andorra ha optado por la vía de la imposición, que solo ha servido para que el uso social del catalán retroceda, tal y cómo reconoce la misma Generalitat. Ya sabemos los castellanoparlantes a qué país no hay que ir de turismo, ya tenemos bastante supremacismo lingüístico en Cataluña para sufrirlo también en vacaciones.
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